La Serena, Chile, 17 de marzo de 1994 Sr. Director del Grupo Escolar "Curros Enríquez"

Av. Curros Enríquez

Orense España
 
 

   Muy Sr. mio: Después de saludarle atte., paso a manifestarle lo que sigue: Es muy grato para mí el enviarle este poema que adjunto, y que, como podrá ver, se refiere a como era nuestro colegio en la década del cuarenta. Y digo así, porque pienso que acaso usted sea muy joven y no haya alcanzado a vivir aquellas épocas críticas y difíciles.

   Soy exalumno y llevo treinta y seis años en América, en Chile, específicamente . En el año 1990 estuve ahí, pero fue por muy pocos días y cuando fui al colegio, estaba cerrado, por eso, es que le envio mi poema por correo, el que había escrito ex profeso para aquella ocasión a mi retorno a la tierra después de treinta y cinco años que me había venido a Chile y que nunca había vuelto.

   Aquí en La Serena-Chile, escribo una columna en el diario local. Tengo, también, diez obras literarias escritas, pero sólo he publicado una novela, con éxito; la Secretaria de Educación autorizó para que pudiera darse como libro de texto en la Enseñanza Media; se titula Rosa de Vicuña.

   Sería muy interesante para mí, que publicara mi poema el diario La Región, y por cierto, que me enviaran dicho diario.

   Tengo un cuento gallego; está en esa lengua y se trata de la historia de un emigrante de nuestra región que se viene a América... Puedo enviárselo.

   Sin otro particular, aprovecho para enviarles, a todo el Colegio, mis más sinceros deseos de bienestar, progreso y felicidad.

Atentamente su seguro servidor,
 
 

          RECUERDOS DE MI COLEGIO

          Autor: Enrique Iglesias Pereira

 

Mi colegio de dos pisos
en la Carretera Nueva,
se alzaba majestuoso
y sólido a toda prueba.

Doña Isabel, directora
de nuestra querida escuela,
tenía como asesores
tres maestros de carrera

Primero estaba don Claudio,
quién ponía gran empeño
en enseñar las lecciones
a los niños más pequeños.

Don Emilio, con su barba
que le daba majestad,
se encargaba del "segundo"
con muy sobria autoridad;

y luego, ya en "tercero",
con infinita bonanza,
estaba don Bernardino
concluyendo la enseñanza

en aquel Grupo Escolar,
Curros Enríquez llamado
en honor del gran poeta
por el mundo laureado.

Como era colegio mixto,
había tres profesoras
que enseñaban a las niñas
las ciencias y las historias.

Y había otro personaje
en nuestro Curros Enríquez:
el conserje del colegio,
llamado señor Manríquez.

Era ya un hombre de edad,
chico, gordo y de mal genio,
que hacía sonar las palmas
al terminar el recreo.

¿Porqué no había campana
para aquella tal función?;
se fundió para la guerra
¡convirtiéndose en cañón!

Los lunes en la mañana,
en correcta formación,
se cantaba el Himno Patrio
con una grande emoción.

Los útiles no existian
en casi total contexto,
y la enseñanza era oral
al faltar libros de texto;

escribiendo en la pizarra
el profesor enseñaba,
por ser el único medio
que disponía la sala.

Que época muy dificil
la década del cuarenta;
la postguerra suponía
un sacrificio sin cuenta.

No entiendo como aprendimos
a leer y a escribir
con aquellas escaseces
que tuvimos que vivir.

Mérito de esos maestros
que contra viento y marea,
con trabajo y patriotismo
se hundían en la tarea,

de hacernos ir aprendiendo
en la sala congelada
por el frio del invierno
que calaba nuestra entraña.

Parecía una quimera
toda aquella vida "perra";
toda aquella gran secuela
que nos dejara la guerra.

Tenía olor especial
el colegio de mi infancia:
olía, a sabiduría,
¡y a necesidades tantas!

Los árboles que plantamos,
-de verdad, así lo creo-,
tienen que estar ya muy grandes
en el patio del recreo,

y ellos han de recordarse
de cuando yo los regaba,
y cuando después, cansado,
a su sombra, me sentaba...
 
 

La Serena, Chile, octubre de 1990