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Don Quijote y su amigo Sancho Panza fueron a buscar nuevas aventuras. Divisaron a lo lejos unos
señores altivos montados a caballo, otros con esposas oxidadas en las manos y pies.
Don Quijote se acercó y le dijo:
-¿Por qué llevais a esas personas de ese modo?
-Porque son ladrones, a los que el poderoso rey manda a las grandes galeras-dijo un guardia con chulería.
-¡Suéltelos!-le ordenó Don Quijote.
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-Usted no es quién de ordenármelo y yo no soy quién de soltarlos-le dijo el guardia con mal genio.
Don Quijote se enfadó por su contestación, y sin pensarlo dos veces le dió un fuerte estacazo con su lanza y de un golpe lo tiró contra el suelo.
Don Quijote aprovechó que los otros guardias estaban socorriendo al herido y soltó a los presos.
Don Quijote dijo a los presos:
- Por salvaros teneis que ir junto a Dulcinea del Toboso y decirle que os he salvado.
Los presos se echaron a reir, le tiraron piedras y escaparon. Eva y Mayra.
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