Don Quijote regresó a su casa y le pidió a su vecino Sancho Panza que lo acompañara.
Sancho, que no tenía mucha sal en la mollera, no quería ir.
Lo convenció diciéndole que podría llegar a ser dueño de un palacio.
Al amanecer se fueron tan lejos como pudieron. Cuando pararon a descansar dijo Sancho:
- No se olvidará de lo que me prometió.
- No, yo no me olvido. Y no tendrás que vivir tu solo, puedes traer a tus hijos y tu mujer. Serán unos principes y una reina maravillosos. - Yo creo que mi mujer no vale para ser reina-contestó Sancho. Le llega con lo que es.
Después de descansar continuaron su camino y ...