ZAPATOS DE NIEBLA

 
 

Érase una vez una aldea de Coruña en la que vivía un niño llamado Felipe. Un día estaba caminando por el bosque cuando se encontró unos preciosos zapatos. Sin dudarlo se los puso, se ató los cordones y todo el bosque se cubrió de niebla menos por donde él pasaba. Fue corriendo donde estaban sus amigos y se puso otra vez los zapatos, pero esta vez no funcionó. Sus amigos se fueron riendo de él. Mientras, Felipe, no se explicaba lo que podía haber pasado. Defraudado se fue a su casa y cuando se dio cuenta de que tenía los cordones desatados se los enseñó a su madre y le dijo:

- Con estos zapatos podemos controlar el tiempo.

- No, sólo se puede despejar la niebla o ponerla -dijo Felipe.

- Pues entonces ponte los zapatos y cogemos la hierba de cuatro hojas que sólo sale cuando hay niebla.

Así vendieron la hierba de cuatro hojas y se volvieron ricos gracias a los zapatos de niebla

Alba Becerro 6º

         
         
         
         
         
         
         
         
         
         
         
         
         
         
         
         
         
         
         
       
 

LOS CINCO MISTERIOS

DE LA

CASA ENCANTADA

 Todo comenzó una noche fría de invierno, en un pueblecito perdido entre unas montañas, de calles estrechas y empedradas, llenas de escondites que sus pequeños pobladores empleaban para sus juegos. Todas las casas formaban líneas rectas, o casi rectas que terminaban en su plaza mayor donde estaba la casa del alcalde y allí era donde se celebraban las fiestas. Rodeando la plaza estaban las casas de las personas ricas del pueblo, y sus fachadas eran de piedra bien trabajada. En los límites del pueblo empezaba el campo con sus caminitos y senderos que conectaban el pueblo con la civilización, aunque esta quedaba a muchas horas a caballo. A una hora a caballo, hacia el este, se divisaba una vieja casa, medio en ruinas, donde las zarzas y otras plantas trepadoras se aferraban a su fachada dándole un aspecto fantasmal. La casa tenía un pequeño cementerio privado, a unos cien metros hacia el norte.

Los lugareños contaban extrañas historias acerca de la mansión del cerro, así llamada por estar elevada con respecto al pueblo. Nadie quería ir por allí, porque decían que ocurrían cosas extrañas. Esta casa era conocida como la casa de las cinco maldiciones: Tesoros malditos, se decía que sus dueños habían sido terratenientes y personas de muchas propiedades que fueron perdiendo por los malos hábitos y negocios poco fructíferos pero antes de arruinarse se decía que la casa contaba con estancias ocultas donde guardaba parte de la riqueza que aún les quedaba; El duende de la aurora, era que en días muy concretos la casa parecía estar brillando con un tono verdoso y fluctuante; la comida embrujada, en tiempos de esplendor se hacían fiestas hasta que se produjo una muerte y desde aquel siniestro suceso todo lo que se preparaba parecía que cobrase vida; Apariciones fantasmales, como toda buena casa posee sus propios moradores intramuros, guardianes de la mansión; aullidos nocturnos, gritos y quejidos que no se podía explicar bien su procedencia.

Todas estas historias no eran más que cuentos de los habitantes del lugar, historias llenas de ignorancia y envidias que el tiempo se encargó de engordarlas creando las leyendas entorno a la casa, o no.

 
   

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Adrián Freire 6º B  
         
         
         
         
       
         
         

 

Los 3 misterios de la casa encantada

 Había una vez un niño que le fascinaban los misterios y en la casa de enfrente había algún que otro. El, ya llevaba 8 años intentando averiguar sus misterios y...

-¡JUANJOOO!  A cenar -dijo su madre.

-¡Ya voy, mamá! -respondió él.

 Muchas noches salía a merodear por casa de su vecino D. Álvarez. Cualquiera que ahí entrase no saldría jamás.

 Juanjo había hecho un estudio de su vecino. Él era simpático de las 9:00 a las 23:00 horas, y en lo que respecta a hablar, no le gustaba nada. Juanjo era un niño de 12 años formal y sabía que no era nada bueno hablar con el vecino de su casa.

 En estos 8 años de investigación nunca se había atrevido a entrar ahí, pero esta noche iba a ser distinta.

 -¡Ahhh! -Bostezó

 Estaba muy cansado, pero se dijo:

 -Me colaré aunque sea lo último que haga.

 Juanjo, animado con su escopeta de balines de plomo, entró y lo que vio fue, fue, fue...

 impresionante ...

 Había miles de cosas antiguas que llevaban a habitaciones :jarrones, vasijas, cuadros, etc...

 Esa casa tenía tres puertas de 90 m2 cada una.

 En la primera había una máquina de videojuegos y nada más.

 Juanjo, como haría cualquier niño, empezó a jugar y de pronto el videojuego le absorbió y hasta que consiguió pasárselo, no salió.

 En otra sala había una ocarina y Juanjo la tocó y pasó algo alucinante: se quedó en el otro extremo de la habitación y entonces dijo:

 -Me-lo-llevo, como ese anuncio que había visto en la tele.

 Pero un campo de fuerza lo atrapó en la habitación hasta que la saltó, pero en la otra había algo tremendo: allí estaba D. Álvarez.

 y Juanjo se dijo:

 -¡Oh, no. ¡Son las 12!

D. Álvarez cogió un cuchillo y lo persiguió. Entonces Juanjo le pegó un tiro en la pierna para sólo herirlo.

Juanjo escapó hacia su casa y lo que fue de D. Álvarez nadie lo sabe. 

D. Álvarez cogió un cuchillo y lo persiguió entonces Juanjo le pegó un tiro en la pierna para solo herirlo.

 Juanjo escapó hacia su casa, y lo que fue de D. Álvarez nadie lo sabe.

 Luis Bocelo 6º

 

 

   

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