EL LIBRO DE LA ABUELA JOSEFINA

A la abuela Josefina no le gustaba que la llamaran abuela... Ella decía que era una mamá grande... entonces todos la llamaron mamá-grande-Josefina.

Era una mujer muy linda, tenía el pelo oscuro y unos ojos azules enormes... que observaban con atención todo lo que miraba... Mamá-grande-Josefina decía que había que saber todo lo que pasaba en el mundo... Y para eso, había que leer, leer muchos libros y también periódicos y así, enterarse de cómo viven en otros países, cómo hablan, cómo comen...cómo sienten.

Al atardecer, cuando el sol se estaba escondiendo, llegaba el tren de la pequeña estación de pueblo de Lujan, trayendo los periódicos del día. Mamá-grande-Josefina estaba siempre muy atenta, miraba su reloj y decía: "Niños, vamos, es la hora de recoger los periódicos". Entonces, cogía de la mano a sus nietos más pequeños, Diego, Jorge, María y Fabiana, y los llevaba a ver el tren ¡¡Que bonita era la locomotora!! Silbaba PÍ...PÍ...PÍ..., anunciando su llegada.

Para mamá-grande-Josefina lo más importante eran sus libros y también unos cuadernos de cuadros grandes, donde anotaba lo que más le gustaba de cada día... Y todo su tesoro lo guardaba en un baúl verde, enorme, que parecía de piratas... El baúl estaba en la buhardilla de la Casa Grande...muy alto, donde nadie podía subir.

Cuando llegaba la hora de cenar, todos los nietos se ponían contentos porque después de cenar la abuela Josefina, mamá-grande-Josefina se quitaba el delantal, cogía uno de esos libros grandotes de cuentos maravillosos y todos se quedaban calladitos, escuchando con atención lo que decía...

A veces, se enfadaba con el abuelo Victorio, porque él no quería leer y mamá-grande-Josefina le decía: "Tienes que leer Victorio, porque las personas mayores deben saber muchas cosas para poder contárselas a los pequeños".

En la familia de mamá-grande-Josefina eran muchos, vivían todos juntos en la Casa Grande. ¡Eran veinte (¡tantos!)! Pero todos se querían mucho y ayudaban a mamá-grande-Josefina en las tareas de la casa.

-Diego, trae, por favor, unos tomates de la huerta. Y Diego, que era rubio como un sol, ayudaba sin protestar y traía unos hermosos tomates rojos para la ensalada.

- María, ve al corral donde están las gallinas y tráeme unos huevos para hacer una buena tortilla de patatas.

- Fabiana, pon la mesa...

Y así, todos los nietos ayudaban a mamá-grande-Josefina, porque ella decía que cuando uno guisaba, estaba poniendo trocitos de amor en los platos. Preparaba recetas riquísimas que leía en uno de esos libros, que guardaba con tanto cuidado.

Pero un día pasó algo terrible... Jorge, que era un niño travieso y muy curioso, subió a la buhardilla a ver si descubría todos los secretos que tenía guardados mamá-grande-Josefina. Pero como era de noche, cogió una vela, la encendió y se subió muy alto a mirar el baúl verde, como de piratas. Llegó arriba, puso la vela encima de una sillita... y abrió la tapa del baúl... ¡Había tantas cosas! ¡había tantos libros!... de hadas, de príncipes, de ogros. Cada vez que abría un libro parecía que soñaba, veía estrellas y monstruos con alas... Tanto leyó que se quedó dormido........ Y la vela, al caerse, incendió los libros del baúl.

En la Casa Grande, donde ya estaban todos preparados para la cena... dijeron: "Falta Jorge ¿Dónde estará?" "¿Habrá salido al patio?", dijo uno. - Habrá ido a hacer "pipí", dijo otro. "Jorge, Jorge" gritaban todos... "a la mesa, a cenar" y ¡oh!, de pronto comenzaron a sentir olor a quemado, y un humo negro salía de la buhardilla. Mientras tanto Jorge se había despertado... y cuando se dio cuenta de que el fuego había quemado los libros maravillosos... escapó corriendo para que nadie lo encontrara...

-¿Y ahora que haré?- pensaba.- Mamá-grande-Josefina se pondrá muy triste y ya no tendremos cuentos para leer. ¡Ay, ay, ay! Se lamentaba Jorge, y corriendo, corriendo se escondió detrás de una cerca... lejos de la Casa Grande para que no lo vieran...

Mamá-grande-Josefina y Diego y María y Fabiana estaban desesperados... llegaron a la buhardilla y pidieron ayuda... Llegaron los primos, y los tío, y las tías y dos vecinos, cada uno traía algo con agua, un vaso, una jarra, un cubo... Había que salvar los libros de mamá-grande-Josefina. Pero por más esfuerzos que hicieron, se quemaron casi todos.

Sólo quedó un cuaderno de cuadros grandes y un cuento de tapas azules ¿Y saben qué libro se salvó?: El libro del abuelo Omar... Y mamá-grande-Josefina dijo: "No se preocupen, si salvamos ese libro, es como si todo se hubiera salvado... En él, encontraremos todo lo que necesitamos para contar una buena historia". Y se tomaron todos de la mano y salieron a buscar a Jorge, que lloraba detrás de la cerca. -Jorge, dijo mamá-grande-Josefina, no llores. Se salvó el libro del abuelo Omar y entonces, con ese cuento, vamos a contarle a muchos niños del mundo todo lo que había en el baúl verde, toda la historia de este pueblito nuestro, cerca de la cordillera de los Andes. Y mamá-grande-Josefina se sentó en el centro y Diego, María, Fabiana y Jorge y todos los primos y las primas y los tíos y las tías se pusieron a contar las aventuras del abuelo Omar. Y...colorín colorado, este cuento se ha acabado.