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VITAMINAS El contenido de vitaminas en un alimento no esta determinado rutinariamente pero son esenciales en pequeñas cantidades para mantener la salud. Las vitaminas son clasificadas como solubles en agua (9 vitaminas del complejo B y vitamina C) y solubles en grasa (ß-caroteno, o provitamina A, vitaminas D2, D3, E y K. En algunos animales, las vitaminas del complejo B no son esenciales porque las bacterias de su estomago no las pueden sintetizar.
La vitamina D existe en dos formas, ergosterol o vitamina D2 y colecalciferol o vitamina D3. Aunque ambas formas son activas, la vitamina D3 tiene una actividad 10 veces mayor que la vitamina D2 en aves y entre 2 y 3 veces en rumiantes. Sin embargo, en porcino no está claro si las dos formas tienen una actividad equivalente o si los cerdos discriminan entre las dos formas. La vitamina D3 o colecalciferol tiene que ser metabolizada en el organismo animal para producir la forma 25-hidroxicolecalciferol (25-0HD3) en el hígado y la forma 1,25-dihidroxicolecalciferol (1,25-diOHD3), que es la forma activa u hormonal de la vitamina, en el riñón. La 1,25-diOHD3 actúa a nivel intestinal estimulando la síntesis de proteínas que ligan el calcio para absorberlo. Una suplementación con una dosis de 550 a 1.100 µg de vitamina D3/kg (22.000 a 44.000 UI/kg) en lechones de 10 a 20 kg puede tener efectos tóxicos con reducciones de crecimiento y empeoramiento del índice de conversión con aparición de calcificación de tejidos blandos a dosis de 6.250 µg de colecaciferol/kg de pienso. La mayor parte de la investigación que se ha llevado a cabo con vitamina D3 en los últimos años ha estado encaminada a establecer su posible eficacia en la prevención de la discondroplasia tibial en broilers. Se determinó que la mejor combinación de 1,25-diOHD3 y calcio para prevenir los problemas de patas en broilers era de 5 µg/kg de la vitamina con un 1% o menos de calcio. Se estimaron que se necesitaban 6 µg/kg de 1,25 diOHD3 para disminuir la incidencia y severidad de la discondroplasia tibial aumentando la concentración de cenizas en hueso en uno de los dos experimentos. Este efecto parece que se puede apreciar en líneas genéticas en las que la incidencia de discondroplasia tibial es relativamente baja. Se observó que la concentración de 1,25-diOHD3 en plasma de broilers de una línea con alta incidencia de discondroplasia tibial era igual a la de otra con menor incidencia a un día de edad pero era entre un 40 y un 50% inferior a los 7, 14 y 21 días de edad. Para intentar paliar este problema se ha intentado suministrar vitamina D3 a broilers en forma hidroxilada en los carbonos 25 ó 1 y 25. Observaron que la 1,25-diOHD3 era poco efectiva en la reducción de discondroplasia tibial en una línea genética seleccionada para tener una alta incidencia de discondroplasia tibial. De igual forma, llegaron a la conclusión de que la 25-OHD3 previene en parte la aparición de discondroplasia tibial en líneas con baja incidencia de la misma, pero no en las líneas con alta incidencia. Por tanto, parece que en las líneas genéticas con alta incidencia de discondroplasia tibial hay una alteración del metavolismo de la vitamina D3 y/o en la actividad de algunos enzimas que intervienen en la remodelación ósea. Otro aspecto de la utilización de la vitamina D3 que ha despertado gran interes es el uso de la forma 25-OHD3, con lo que se evita el proceso de hidroxilación a nivel hepático. En 1995 se indicaron que la forma 25-OHD3 mejoró el crecimiento y el índice de conversión de pollos broiler en un total de 10 estudios. Para sustituir parte del colecalciferol en el pienso por 25-OHD3, en 1997 se estimó que 20 mg de 25- OHD3 eran equivalentes a 40 mg de colecalciferol tomando como criterio de respuesta la resistencia ósea.
La vitamina E tiene distintas funciones en el organismo, gracias a su función como antioxidante. En los últimos años se ha prestado especial atención a su influencia a nivel reproductivo y transferencia a las crías y, a su influencia en la función del sistema inmunitario y al efecto estabilizador de los procesos oxidativos de la carne. Los efectos de una suplementación extra de vitamina E sobre la prolificidad de las cerdas no son consistentes. Aunque en algunos trabajos se detectan mejoras, en otros no ocurre así. No observaron mejoras en la productividad de cerdas cuando se inyectaban 600 UI de vitamina E a los 110 días de gestación o cuando se añadían 50 UI de vitamina E a los piensos de gestación y lactación. El tocoferol cruza a un ritmo muy lento la barrera placentaria, lo que explica su bajo contenido en los tejidos de los lechones recién nacidos. Durante los últimos 10 días de gestación, la concentración de vitamina E y selenio en el plasma de la cerda disminuye, produciéndose una concentración en la glándula mamaria para pasar al calostro, donde la concentración es 5 veces superior a la de la leche. La administración de vitamina E en la dieta o por inyección puede corregir esta disminución en cerdas y en vacas de leche. Si se incrementan los niveles de vitamina E a 50 IU/kg en los piensos de gestación y lactación se incrementa la concentración de vitamina E en el calostro y leche y, como consecuencia, en los tejidos de los lechones De esta forma, observaron que la suplementación de las madres con 140 ppm de vitamina E en lactación mejoraba los rendimientos de los lechones frente a 40 ppm. Además, observaron un efecto positivo de la suplementación a los lechones con 200 ppm de vitamina E sobre una dieta basal en crecimiento e índice de conversión. El aspecto que ha llamado más la atención del uso de la vitamina E es su papel como antioxidante en la carne, mejorando la estabilidad de la oximioglobina y de la grasa, con lo que se mantiene el color y se retrasa el proceso de enranciamiento de las grasas. Para conseguir estos efectos se necesitan dosis mucho más elevada que las necesarias para obtener los máximos crecimientos. Administraron 100 mg de vitamina E/kg de pienso de porcino y observaron que había una mejora de la palatabilidad del lomo, mayor concentración de tocoferol en la misma y menor oxidación, aunque otros aspectos de la calidad de la misma no se vieron afectados. También observaron que los jamones de cerdos que habían consumido 200 mg de vitamina E/kg eran menos susceptibles a los procesos de oxidación y eran preferidos en paneles de degustación a la carne de jamón de cerdos que consumían un pienso con 8 mg de vitamina E/kg entre los 45 y 100 kg de peso vivo. En experimentos con terneros, observaron que la suplementación de piensos de terneros con 1.000 ó 2.000 UI de vitamina E/día y cabeza mejoró el color de los filetes, disminuyó la oxidación de la grasa e hizo que los filetes de terneros suplementados fueran más aceptables para un panel de consumidores. Observaron que la administración entre 500 y 1000 UI de vitamina E/cabeza/día eran durante 90-100 días antes del sacrificio eran suficientes para mejorar la durabilidad de la carne, basándose en estudios de campo. El mismo tipo de efecto observado en carnes de vacuno y de porcino se ha podido observar en carne de ave. Observaron que, para optimizar el contenido de vitamina E en músculo y la estabilidad frente a la oxidación, había que admin istrar 200 mg de a -tocoferil acetato/kg durante 4 semanas antes del sacrificio. Obtuvieron resultados similares en pavos, a los que hab? a que administrar entre 10 y 25 veces la recomendación nutricional del NRC (1994) para conseguir el mejor color y disminuir los procesos de oxidación durante el almacenamiento de carne en reflijeración y en congelación. También en carne de pavo precocida se ha observado que la suplementación con 200 UI de dl-a -tocoferil-acetato de los 105 a los 122 días disminuía la oxidación y la producción de aldehídos volátiles, asociados con olores extraños, que se producen en la carne precocida e irradiada.
El interes en investigar las necesidades de vitamina A ha sido mucho menor que el que se ha prestado a las vitaminas E y D. Algunos trabajos se han orientado hacia la determinación de la función como estimulante del sistema inmunitario por su función antioxidante o a su función en el sistema reproductivo de la cerda. Observaron que la inyección de 1.000.000 UI de vitamina A incrementaba el número de embriones recuperado a los 11 ½ días de gestación. Sin embargo, detectaron un aumento de la longitud del útero a los 44 a 46 días de gestación tras la suplementación con retinil palmitato pero no un aumento del número de fetos, peso fetal, o concentración de proteína de transporte del retinol a nivel del endometrio. En un estudio cooperativo entre cuatro estaciones experimentales, inyectaron cerdas con placebo, 250.000 o 500.000 UI de vitamina A en el momento de la cubrición y del parto. La única diferencia que observaron fue un mayor número de lechones destetados por camada en las cerdas inyectadas con vitamina A. Algunos trabajos experimentales han intentado determinar si el exceso o concentraciones relativamente elevadas de una vitamina liposoluble puede afectar la concentración de otras vitaminas del mismo grupo a nivel sanguíneo o en otros tejidos. Las conclusiones que obtienen no son siempre coincidentes. Concluyeron que un exceso de vitamina A no afectaba de forma negativa el crecimiento de cerdos en cebo, ni la concentración de a -tocoferol en suero y tejidos. Por el contrario, administraron cantidades de vitamina A que oscilaban entre 0 y 200 veces las recomendaciones del NRC. Al aumentar la suplementación con vitamina A, aumentaba la concentración de retinol en plasma pero disminuía la concentración de a -tocoferol en plasma y en hígado. La conclusión es que no se deben superar concentraciones de vitamina A superiores a 10 veces las recomendaciones del NRC. También observaron que la suplementación con vitamina A disminuye la concentración de vitamina E en terneros Hosltein .
Dentro del grupo B de vitaminas, se ha prestado especial atención a la influencia del ácido fólico sobre la reproducción porcina. En su última revisión de las necesidades de cerdas gestantes, el NRC, basándose en distintas publicaciones hasta el año 1994, aumentó las necesidades en cerdas gestantes a 1,3 mg de ácido fólico/kg frente a los 0,3 mg/kg de la edición anterior. Desde entonces se han publicado varios artículos más con datos referentes al efecto de esta vitamina sobre la reproducción porcina. Estimaron las necesidades de ácido fólico en distintas fases de la gestación, concluyendo que las mismas son de 10,1 mg/kg. Se suplemento el pienso de cerdas con 15 mg de ácido fólico desde dos semanas antes de la aparición del celo hasta 15 días después de la cubrición y observaron que esta suplementación atenuaba la disminución de folatos en suero que se producía en el control sin suplementar. Por otro lado, Observaron que suplementando los piensos de gestación con 2 mg de ácido fólico/kg no se incrementaba el número de fetos a los 45 días de gestación, pero aumentaba la longitud y el peso fetal así como su contenido en proteína y RNA. En cuanto a las necesidades de ácido fólico para el crecimiento, los trabajos publicados sitúan las necesidades por encima de las estimadas por el NRC, que se basaban en publicaciones de los años 5º y 60. Calcularon las necesidades totales de ácido fólico para broilers en 2 mg/kg basándose en crecimientos, índices de conversión y algunos criterios metabólicos. Estudiaron la interacción del ácido fólico con la colina y aminoácidos azufrados. Cuando no se incluía colina en el pienso, las necesidades de ácido fólico eran de 1,5 mg/kg, mientras que, cuando se incluía colina, las necesidades eran de 1,2 mg/kg. En otro trabajo, se demostraron las interacciones entre el ácido fólico y metionina, obteniendo las mejores respuestas en crecimiento e índices de conversión con concentraciones de ácido fólico de 0,92 a 1,79 mg/kg y entre 0,84 y 0,87% de aminoácidos azufrados. Dentro de este grupo de vitaminas, se están iniciando trabajos encaminados a revisar las necesidades para maximizar los rendimientos productivos. Se concluyeron que las concentraciones de riboflavina, niacina, ácido pantoténico, cobalamina y ácido fólico necesarias para optimizar los procesos productivos eran superiores a las publicadas en el NRC. Posteriormente, se han estimado que las necesidades de riboflavina para la deposición de músculo son cinco veces superiores a las de deposición de grasa. Se determinaron que las necesidades de piridoxina en cerdos entre los 7 y 56 kg de peso vivo eran de 10 ppm, basándose en determinaciones de crecimiento y criterios metabólicos en animales canulados.
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