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Ya hace mucho tiempo que casi todos los fabricantes de zapatillas elaboran modelos distintos para hombre y mujeres. En algunos casos las diferencias son relativamente reducidas; varían los colores y los talles, son más pequeñas para mujeres. Pero no es sólo la estética lo que debe variarse ya que las proporciones suelen ser diferentes y de hecho la relación entre las dimensiones del talón y la del antepié es distinta en hombres y mujeres. En un hombre y en una mujer con la misma anchura en el antepié el talón femenino es más estrecho. Para adaptarse a estas circunstancias la horma de las zapatillas femeninas suele ser más estrecha desde la zona del talón hasta la mitad del pie, dándole más espacio al antepié. Por lo general los rasgos técnicos de amortiguación, estabilidad o control de la pronación supinación son idénticos a los de sus equivalentes masculinas.
Pero ¿es suficiente diferencia una horma más estrecha por atrás con la misma amortiguación, control de la pisada y estabilidad? Existen las suficientes diferencias biomecánicas como para sugerir que las mujeres tengan calzado totalmente específico.
Las caderas de las mujeres más anchas para poder llevar un bebé en un embarazo hacen que el ángulo de la cadera sea algo diferente por eso las rodillas de ellas parece que apuntan más para adentro que las de ellos. Este ángulo más ancho puede alterar el modo en que se porta el pié al correr y hacer más recomendable un calzado diferente.
La forma más natural de correr es comenzando la zancada aterrizando con la cara exterior del talón y entonces haciendo un giro -pronación del pie hacia adentro-, para terminar empujando con el dedo gordo.
Muchas mujeres aterrizan con la parte central del talón o incluso con una parte más hacia el interior del pie y su pronación es igual que la de los hombres, pero como ya están empezando con un giro adentro más acentuado, el nivel total de pronación es mayor. Esto hace que la estabilidad deba considerarse como una de las prioridades para casi todas las mujeres corredoras.
La amortiguación, por el contrario, no tiene por qué ser tan importante como la estabilidad ya que las mujeres suelen ser más ligeras que los hombres. Cuanto más fuerte aterrices tanto más amortiguación necesitarás. Por su puesto que también hay mujeres con bastante sobrepeso y hombres muy ligeros pero, por lo general, además del factor peso, en la fuerza del impacto influye también la velocidad del impacto del pie con el suelo. Las mujeres, además de pesar menos, suelen hacer este apoyo con menos velocidad y por tanto con menos fuerza.
Un rasgo importante a considerar es el de la flexibilidad. A las mujeres les viene mejor un calzado con una suela más flexible. Una suela más rígida necesita más fuerza para flexionarse, más peso y una mayor velocidad de impacto. El menor peso y la, por lo general, menor velocidad de las mujeres hace que una zapatilla rígida exija mucha fuerza para realizar la torsión necesaria de la suela, pudiendo llegar a aumentar el riesgo de lesión.
Por supuesto, cada persona tiene sus necesidades específicas sean hombres o mujeres. Todo lo que aquí damos son pautas generales, por eso puede haber mujeres que necesitan calzados con mucha amortiguación o que precisen de suelas más rígidas por su nivel de fuerza. Lo mejor es que un especialista evalúe su pie para ayudarla a elegir la mejor zapatilla. |