El 5 de Marzo a la edad de 87 años murió, en su residencia de París,
Ramón Bargueño. Aquellos que le conocimos, podemos asegurar que nos ha
dejado una huella imborrable, hemos apreciado en él, a un hombre,
generoso y firme en su denuncia de la injusticia. Nos gustaría que el
trabajo que hacemos en este periódico, sirviese como homenaje póstumo a
su memoria, al testimonio de un luchador que nos enseñó con humildad,
una lección magistral, la de que no podemos consentir que el sufrimiento
y el horror de tantas víctimas de nombre silenciado, como fueron las víctimas
de los campos de exterminio y, por extensión las víctimas de todas las
guerras, sea el precio a pagar por nuestro presente y futuro.
Ramón Bargueño nace en 1916 en la localidad de Recas, Toledo. Militante
de las Juventudes Socialistas desde 1934, permanece en su pueblo hasta el
estallido de la rebelión militar de 1936. Su familia es víctima de la
represión, su padre es asesinado a las pocas horas de entrar las
“tropas nacionales” en Recas, y su hermano es condenado a muerte y
fusilado en 1940. Participa en la defensa de la República y sigue como
combatiente hasta cruzar la frontera en febrero de 1939. Desde los campos
de internamiento franceses, coincide muchas veces con el conocido fotógrafo
Francico Boix, a quien le unía una gran amistad, ambos cayeron presos de
los alemanes por las mismas fechas y fueron deportados a Mauthausen.
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Ramón Bargueño fue uno de los miembros de la red clandestina en el campo
de exterminio que colaboraron con Boix en la ocultación de las fotografías
y en la salida de al menos una parte de la colección del campo. En 1943
lo destinan al calabozo a prestar servicios de ordenanza, bajo el mando
del SS Niedermayer. En los bajos de este edificio estaban situados el
crematorio y el acceso a al cámara de gas. Su puesto de ordenanza en el
edificio de los calabozos, le proporcionó un lugar seguro para ocultar
este material fotográfico que sería clave, en los juicios de Nuremberg,
para testimoniar el alcance del genocidio y terror allí perpetrados, así
como para desenmascarar la identidad de sus verdugos.
Mi abuela también me dijo que un hermano suyo había ido a la guerra y
que había perdido un brazo y que otro se había ido de España por causa
de la guerra y que no volvió a saber nada de él. Mi abuela de su
infancia si que tiene recuerdos porque a ella se le murió la madre cuando
era pequeña y se tuvo que encargar ella sola de sus 5 hermanos, fue una
época muy difícil para ella. La infancia de los niños de esos tiempos
creo que por un lado era muy triste porque pasaban mucha hambre y no tenían
ropa para cambiarse si se mojaban, la secaban durante la noche para volver
a ponerla al día siguiente. Tenían una ropa más nueva para ir a la
Iglesia. Los familiares de otros lugares les mandaban ropa para poder
cambiarse e incluso a veces se hacían ellos mismos los vestidos con
sacos...
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| "Los
jóvenes debéis saber estas cosas y sobre todo, no olvidarlas" |
El pasado mes de Octubre, los alumnos del instituto As Fontiñas tuvimos
el privilegio de escuchar el testimonio de un testigo directo de los
horrores del campo de extemino de Mauthausen (Austria) desde el 3 de Julio
de 1941 hasta su liberación, cuatro años más tarde. Ramón Bargueño.
Apodado "Mermela" por sus compañeros de cautiverio, tuvo la
suerte, como él dijo, de ser español, ya que los nazis torturaban más a
los judíos y los rusos del campo.También decían que "éramos sus
peores enemigos, pero no éramos chivatos y que, para distinguirnos, había
que tener en cuenta que decíamos !ay, mi madre! cuando nos
mataban!". A lo largo de su intervención nos insistió, desde su trágica
experiencia, en la tragedia a que toda guerra conduce, y nos alertó
frente a las ideologías excluyentes y totalitarias.
Durante la guerra mucha gente se marchó para Venezuela, Argentina, etc.,
pero la mayoría se iban de incógnito porque no tenían papeles, mi
abuelo me mencionó un caso de un hombre que se metiera en un barril y fue
embarcado dentro del barril La mayoría de los recuerdos son tristes o
malos. Mi abuelo me dijo que en esa época las familias vivían como podían,
con muy poca comida y sin ropa apenas. En las aldeas era donde peor se
llevaba esa situación pues los soldados entraban en las casas por las
noches y no se podía andar por los caminos porque te llevaban o te daban
una paliza. La ventaja de las aldeas, según mi abuelo era que tenían más
lugares donde esconderse. Mi abuelo paterno me contó que un compañero
suyo se había pasado mucho tiempo en un escondite subterráneo, bajo una
urna donde guardaba el maíz, para que los soldados no lo llevaran. Su
mujer le pasaba comida y les mentía a los soldados diciéndoles que su
marido no estaba, hasta le registraron la casa, ¡pero no encontraron
nada!
Mi abuelo, por ejemplo, siempre acostumbra a contarme esas historias que
pocos cuentan, me ha dicho, muchas veces que lo que él vivió, no se
olvida porque en la dictadura habían pasado muchas cosas, entre otras,
hambre y muchas penurias, ya que se quedaban sin familiares o conocidos. Y
que las mujeres siempre eran las más perjudicadas porque se quedaban sin
los maridos que se tenían que ir a la guerra o eran llevados por los
guardias. Las madres también lo pasaban muy mal, porque no veían a sus
hijos ni tenían noticias de ellos. Eran momentos muy duros para ellos.
| Publicamos
Ética de la memoria, una obra con historias y sentimientos |
| Un
conjunto de relatos, resultado de una experiencia educativa que
intenta una pedagogía de la memoria. El objetivo es recuperar la
experiencia vivida por nuestro mayores porque en una sociedad democrática
los ciudadanos tienen el derecho de conocer y dar a conocer su
propia historia. |
La obra podrá consultarse en su totalidad en la web de" iesasfontiñas"