¿Tienen la Misma Percepción del Tiempo Vivido los Hombres y las Mujeres?

Por Lorena Domínguez Galbán 4º ESO A

Las personas estamos esclavizadas y sometidas al tiempo, ya que no somos capaces de pasar un día sin estar pendientes del reloj o de la hora. Toda nuestra vida diaria se rige por un horario que no podemos dejar de cumplir. Incluso nuestro organismo se adapta a un horario. Cualquier práctica que se realice diariamente a una misma hora, como, por ejemplo, comer o dormir, conlleva que el cuerpo se acostumbre a ellas, y si no realizamos esa acción en ese momento, el cuerpo se resiste (bostezando, emitiendo ruidos el estómago...).

Si no lleváramos reloj seríamos, de alguna forma, "libres", pero al organismo no se le puede engañar de ningún modo, y éste seguiría teniendo las mismas necesidades de siempre y a la hora de costumbre. Aún así, nosotros podríamos hacer las cosas tranquilamente y sin apuros.

El tiempo no pasa de la misma manera para todos. Las circunstancias en las que nos encontremos influyen, a nuestro parecer, en el tiempo y sus velocidades. Aunque éste sea siempre igual, cuando lo estamos pasando mal, nos aburrimos o esperamos que algo suceda, el tiempo se nos hace eterno. Si, al contrario, nos estamos divirtiendo o estamos pasando un buen rato, parece que pasa más rápido de lo normal. De este modo, nosotros nunca podremos medir el tiempo con exactitud sin un reloj, ya que nuestro estado de ánimo influye en nuestra manera de considerarlo.

Según todo esto, es normal que la percepción interior del tiempo vivido que tengan las mujeres y los hombres sea distinta. La principal diferencia entre los dos sexos es que las mujeres pasan por dos estados que los hombres sólo conocen de oídas, la menstruación y el embarazo.

La menstruación no es agradable, sino que a menudo es molesto y, en ocasiones, puede producir hasta dolor. En esos momentos, las mujeres se sienten incómodas, por lo menos en la mayor parte de los casos. Por lo tanto, mientras las mujeres pasan por esta etapa, el tiempo se les puede hacer algo largo, y los días restantes se hacen diferentes y pasan más rápido.

El embarazo no influye demasiado hasta los seis o siete meses, en los que la barriga es notablemente grande y comienzan las limitaciones. A partir del sexto mes, la mujer embarazada no puede continuar con la vida que llevaba hasta entonces y se enfrenta con un gran número de actividades que no puede realizar y, además, empiezan los cansancios y fatigas por cualquier esfuerzo por mínimo que sea. Si la mujer tiene un trabajo fuera de casa, llega un momento en el que debe dejarlo y comenzar una vida en la que pase la mayor parte del tiempo inactiva en casa, lo que puede ser frustrante. Los tres últimos meses del embarazo son, por lo tanto, los más largos y difíciles de llevar, por todo esto y porque las futuras madres ya están impacientes por la llegada de sus hijos, por el momento en el que puedan cogerlo y abrazarlo, y por las eventuales complicaciones.

Para los hombres, sin embargo, todos los días del año son iguales, y lo único que influye en su percepción interior del paso del tiempo es el estado de ánimo, que afecta del mismo modo al sexo opuesto.

Quizás a lo largo de la vida, habiendo vivido los mismos años, las mujeres tengan la impresión de haber llevado una vida más larga, por haber sido ésta más intensa.