El árbol del
bien y del mal
JJ Armas Marcelo
DIARIO DE UNA LECTORA
Hoy en clase un profesor nos habló de la posibilidad de
participar en un concurso que consiste en hacer un trabajo sobre la lectura de un
libro, cuyo autor tiene que ser canario, extrayendo lo relativo a la isla medio
natural, época, etc. y ofreciéndonos la posibilidad de visitar dicho lugar.
Después de esta información yo me pregunté ¿Por qué no participar
en algo tan interesante? Además la ilusión de poder viajar a Canarias me motivó
y como nunca había leído ningún autor canario eso hizo aumentar más mi interés.
¿Cómo nos mostrará este autor dichas islas? ¿Cómo serán sus gentes? Y por
último, pero no menos importante ¿Cómo será la isla en realidad?
Escogí el libro titulado “EL ÁRBOL DEL BIEN Y DEL MAL”. Al
empezar a leerlo descubro que los fundadores de Salbago son la familia Rejón.
Salbago, es una ciudad situada a mitad de camino entre Cádiz y Cuba, pero como
mi curiosidad no se conforma con esto busco más información; ¡Qué curioso!,
ciertamente no aparece ninguna ciudad real, solamente nos dice que Salbago es
una ciudad “imaginaria” al contrario que Agaete que sí existe, aunque para mí
son desconocidas las dos. Esta historia transcurre en tres etapas: preguerra,
durante la guerra y posguerra en las cuales se aprecia el lamentable declive de
una familia poderosa como los Rejón.
La familia Rejón tiene origen en Agaete, que es una villa
de Salbago, villa de plataneros y pescadores, donde también destaca la
producción tabaquera de la que en esta época fue un gran industrial don
Eufemiano Fuentes (de trágico final).
Verdaderamente, como de las Islas no sé mucho, no tengo más
remedio que localizar Agaete en un mapa, a ver en qué zona de Gran Canaria se
encuentra. Está en la Costa de Gáldar, que buscando información referida a esta
ciudad nos dice que su medio de vida es la agricultura, ganadería y pesca,
además de cuna y descanso de importantes vestigios de los anteriores pobladores.
La casa de los Rejón fue vendida a un tal
Dámaso Padilla que volvió posteriormente a la propiedad de los Rejón, adquirida
por Horacio, nieto de Francisco Rejón.
Pasando página aparece el patriarca de la poderosa familia
de los Rejón que viajaba a la Habana para coseguir plantas y árboles
tropicales, entre ellas el árbol del bien y del mal, que una vez conseguido el
injerto tan afrodisíaco lo plantó en el bonito jardín que poseía junto a su
casa en Salbago.
Antonio Marcelo, amigo del prócer, fue quién le
regaló dicho árbol, aconsejándole su utilización y advirtiéndole de su efecto
afrodisíaco. Pasado un tiempo, Francisco Rejón comprobó los efectos exagerados,
con los que no estaba de acuerdo su esposa Amalia Medina que pidió a las monjas
que la habían educado cuando era niña, que le pusieran el cinturón de castidad
después de haber tenido nueve hijos, cuatro de ellas mujeres, tres solteras:
Dolores, la que montaba a caballo como cualquier hombre, Nieves, que se había
pasado la vida entre cuentas de rosario rogando por la salvación del mundo y
Dora, que interpretaba al piano pequeñas piezas de Mozart.
Juan Rejón, hijo de Francisco Rejón, tuvo un
hijo bastardo llamado Horacio, fruto de una relación no consolidada con Silvana
Frascachini, que era una actriz muy conocida por aquellos años.
Poco a poco voy comprobando la belleza de los parajes
naturales que nos ofrece la isla, sus campos de labranza, cafetales, plataneras,
puertos de mar, playas, etc. que en ocasiones se ven afectados por la “calima”,
que es una ventolera africana formada por un fino polvo que cae lentamente
sobre la geografía de la isla.
Aunque no es mi costumbre, al estar metida en
este libro, ayer me fijé en un documental de Canarias, en el que aparecía Santa
Brígida como pueblo, con un atractivo arqueológico guanche, con cuevas y
monumentos indígenas en sus alrededores. Las extensiones plataneras configuran
un paisaje muy humanizado de evidente sabor tropical.
Siguiendo con la lectura, Horacio Rejón conoció a Mara
Florido que estaba casada con Alain Dampierre (cónsul francés), se enamoró de
ella y vivieron juntos el resto de sus vidas.
Horacio Rejón y su amante Mara Florido deciden
hacer una gran fiesta preparando un suculento banquete en el que no faltan los
buenos vinos, licores, whisky, etc. Invitó a todos los que llevaban el apellido
Rejón, invitaciones que fueron rechazadas por todos, pues nadie asistió al
banquete, quedando estupefactos Horacio y su amante por el desprecio recibido.
Realmente me ha sorprendido la postura
orgullosa y clasista de la familia Rejón por tratarse simplemente de un hijo
bastardo. Observo como la familia ya no está estrechamente unida.
A medida que voy leyendo me está pareciendo más interesante
la lectura, ahora Horacio cae en la trampa de las mieles afrodisíacas del árbol
que le había regalado a su abuelo el señor Cubano. Demostrándose una vez más
que la lujuria no lleva a buen puerto, pues nuestro Horacio se refugiaba en el
tan traido y llevado ron de caña que parece ser una bebida muy típica de la
isla.
En época de
la posguerra, siendo alcalde de Salbago un tal Giménez, dio la orden de
encarcelar a César Manrique, cuya detención, provocó muchos movimientos
ciudadanos que estimaban al artista internacional. El delito no fue otro que el
de tomar el sol en una playa desnudo, este hecho priva de libertad a un sujeto
que hoy en democracia no tendría sentido.
La gente de Canarias emigraba a Cuba en busca de una vida
nueva, dejando atrás todos los problemas que hubo durante esta época, pero a su
vez sin olvidar su tierra, siempre con la esperanza de poder algún día volver.
El autor parece que quiere transmitir un clima
y un exotismo propios de un espacio subtropical formado por húmedas masas
arbóreas y playas de arenas negras que hacen que sea la causa principal del
turismo canario, unido a sus tradiciones, como la fiesta de la Bajada de la
Rama, que no es sólo una explosión de alegría para los turistas, sino que
también tiene un significado lleno de sentimientos religiosos para las gentes
de Agaete.
La tradición
era bajar desde la parte alta del pueblo los papahuevos de cartón piedra (nuestros gigantes y cabezudos) y mucha
gente que cantaba y bailaba al ritmo de la música agitando al aire ramas verdes
como una forma de petición para que lloviese, tradición que, según parece, aún
se conserva.
Ya
estoy terminando de leer el libro; ahora Horacio cae preso de un ataque de
celos provocado por la fiebre del amor, que era originada por el árbol del bien
y del mal; pasado un tiempo, cree que su mujer le está siendo infiel. Después
de haber roto a disparos los cuadros de sus antepasados, encerró a Mara en un
cuarto de su mansión. Estuvo paseándose delante de la puerta de la habitación
durante días con una escopeta al hombro hasta que ella logró escaparse y volvió
con su madre Brígida Betancor de Florido. Un día, estando ebrio, asesina a
Charles Delicadó creyendo que es el amante de su mujer. Meses más tarde, tras
un juicio, lo encarcelan y ponen la casa de nuevo en venta, a raíz de esto se
crea la leyenda del árbol del bien y del
mal.
Para finalizar quiero comentar mi valoración personal del
libro, en la que destaco, la gran imaginación del autor, que muestra con mucha
ironía personajes y situaciones con los que no estoy acostumbrada a convivir,
pero que realmente te hacen reflexionar sobre los distintos sucesos que te
pueden llevar a ciertas situaciones como les ocurre a los componentes de esta
familia.
La vida de los personajes de esta obra, aunque parece muy
irreal, se acerca bastante a la realidad de muchos hombres de este país, pues
mucha gente tiene un oscuro pasado del que algunas personas se avergüenzan,
como realmente le pasaba en la obra a don Francisco de Rejón.
Lo que más me gustó fue la lujuria y la pasión de algunos
de los personajes principales, sobre todo la claridad con la que habla del
tema, sin cortes ni tapujos, y lo que menos me gustó es el final porque en
realidad yo hubiera esperado un desenlace mucho más feliz .
La parte más interesante fue donde nos muestra ciertas
costumbres, como puede ser el ritual de la Bajada de la Rama, ya que me ha
parecido muy tradicional y curioso a la vez que lógico por tratarse de una isla
en la que la sequía siempre es un factor muy condicionante.
Acaba la historia de este libro y
acaban las hojas de mi diario con el regusto de una experiencia y un
sentimiento enriquecedor, porque he convivido en lugares y con personajes que
ya viven en mí, y todo lo que pueda ver y conocer sobre las Islas va a estar
tamizado por el sentimiento aprendido a través de la familia Rejón.
Leticia Castelao
Peláez
Concepción López
Seijas
Mayo de 2002