Reflexiones sobre un párrafo de Bukowski
Santiago Sanjurjo Díaz 1º Bac
Texto base
"Cogí mi botella y me fui al dormitorio. Me quité los calzones y me eché en la cama. Nada estaba en armonía. La gente sólo abrazaba a ciegas lo que se le pusiese delante: comunismo, comida natural, zen, surfing, ballet, hipnotismo, terapia de grupo, orgías, paseos en bicicleta, hierbas, catolicismo, adelgazamiento, viajes, psicodelia, vegetarianismo, la India, pintar, escribir, esculpir, componer, conducir, yoga, copular, apostar, beber, andar por ahí, yogurt helado, Beethoven, Bach, Buda, Cristo, jugo de zanahoria, suicidio, trajes hechos a mano, viajes en jet, Nueva York, y de repente todo ello se evaporaba y se perdía. La gente tenía que encontrar cosas que hacer mientras esperaba la muerte. Supongo que está bien poder elegir."
Reflexiones
El anterior párrafo perteneciente a la novela Mujeres del escritor norteamericano Charles Bukowski ilustra perfectamente algunos de los aspectos más importantes de la sociedad occidental e invoca a uno de sus principales fantasmas, común no solo con otras culturas sino a toda la humanidad: la muerte.
Bukowski, que fue, antes de escritor (maldito, por cierto), un gran observador, se ha dado cuenta de que todo lo que mueve al ser humano está motivado por la inevitable presencia de la muerte. Tradicionalmente se afirma que el hombre es el único ser vivo consciente de su desaparición y esto condiciona su existencia. Este hecho mueve a reflexionar y a filosofar sobre prácticamente todo. "¡Qué cosa tan rara y terrible, tan peligrosa, tan incomprensible, pero sobre todo qué cosa tan irremediablemente personal", dice Fernando Savater, acertando al caracterizar a la muerte como algo relativo a la conciencia. Ser consciente de la desaparición de uno mismo es un pensamiento difícil de asimilar y, cuando ya se tiene comprendido, produce una sensación de angustia y, sobre todo, de duda. El ser humano busca siempre respuestas a todas sus preguntas y la muerte no es un problema que ofrezca muchas soluciones. Entonces aquí aparece una cuestión importante: frente a esta necesidad imperiosa de aferrarse a algo que sirva de sujección ante la muerte, ¿cómo respondemos?
Ya desde la prehistoria esta cuestión busca respuesta y la encuentra en la creación de los mitos (o religiones, que además del mito, incorporan un variado cuerpo de acción ante todo tipo de circunstancias vitales, sociales, …). Son una solución ideal puesto que tapan el hueco dejado por la angustia y otorgan a los núcleos de poder (véanse los protosacerdotes o jefes en películas como En busca del fuego) un medio de control sobre el resto de la tribu o sociedad, ya que el miedo es uno de los principales instintos del ser humano (ya sea representado por el racismo, la violencia, la guerra… que lo tienen como base innegable), por ser un pilar imprescindible del instinto de supervivencia, y el que controle el miedo de la gente, la controla.
Este puede ser el esquema básico de la aparición de las creencias religiosas en el ser humano. Durante todo nuestro devenir histórico, este modelo ha sufrido variaciones superficiales, manteniéndose intacta la substancia. Pero todo cambia y llega un momento en el que, por unas razones u otras (tal vez de evolución o simplemente de cambio de contexto histórico o cultural, o simplemente por los avances científicos, que ponían en tela de juicio gran parte de la base mítica de las creencias), las religiones han comenzado a perder su fuerza. En el siglo XIX, Friedrich Nietzsche enunció su famosa sentencia "Dios ha muerto" que ilustra el cambio del que venimos hablando. Este filósofo alemán entendió el desmantelamiento de la religión (en concreto el cristianismo) como un paso importante en su disección a martillazos de la cultura occidental (realizada en otros campos por Freud y Marx e incluso Darwin).
Llegado este punto volvemos al comienzo, a la prehistoria. La presencia de la muerte como motivo de angustia en el ser humano se encuentra de nuevo sin solución, ¿a qué recurrimos? Pues bien, aquí la respuesta nos la da a la perfección el señor Bukowski: "La gente sólo abrazaba a ciegas lo que se le pusiese delante". ¿Y qué es lo que se pone delante? Pues toda esa retahíla de variopintos elementos tan propios de la cultura occidental, aunque algunos tengan origen foráneo, puesto que gracias a la globalización el zen, el budismo y demás tendencias ajenas a occidente ya forman parte de él (sería un error pensar que algo que viene de fuera no llegará jamás a fusionarse con lo nuestro, por muy lejanas que estén sus raíces).
En la enumeración que aparece en el susodicho fragmento, podemos hacer una clasificación más o menos exacta y homogénea en unos grupos como son: religiones (que Nietzsche haya desmontado la religión no quiere decir que ésta haya desaparecido del acervo cultural. Nada más gráfico que echarle un vistazo a las estadísticas que indican que en España, un 90% de la población se considera cristiano), aficiones (los tradicionales "hobbies"), mitos (al igual que las religiones, los referentes universales no se han perdido, al contrario: estamos viviendo un resurgir de las figuras míticas, creadas en laboratorio y catapultadas por los medios de comunicación de masas, directamente al corazón –o cerebro– del "necesitado"), drogas (los mitos siempre tuvieron un ritual, ávido de brebajes y celebraciones pantomímicas, del que hoy buscan sustituto en las actuales adicciones y vicios, y todo su mundo afin), arte (una mente entretenida, consagrada a la sublimación –el gran compositor Shostakovich– y a la catarsis –Fernando Arrabal y su teatro Pánico– siempre obtuvo tranquilidad e incluso redención, que si no se consigue, no pasa nada: siempre tendremos una dosis de inmortalidad), aplacamiento de frustraciones (el ser humano casi puede ser considerado por naturaleza como disconforme con su situación -instinto de envidia, soberbia- y trata de sanarse de sus frustraciones).
Bien, he aquí los parches a la herida de la muerte que el mundo actual nos ofrece. No hace falta ser muy avispado para darse cuenta de que la figura del poder (recordemos que los sacerdotes prehistóricos, las pitonisas de Delfos, los adivinos y druidas celtas, los curas medievales y actuales, … sólo son la versión religiosa o mística del poder), al igual que utilizó la religión tradicional para controlar a las masas, ahora también se sirve de toda esta suerte de abstracciones para manejar el rebaño. La comercialización que implican estas evasiones (o que les es implicada) es una base fundamental del capitalismo (el negocio del miedo también reportó siempre cuantiosos beneficios), medio económico en el que bucea el actual poder.
Creo conveniente relacionar todo esto con el viejo mito de la caverna de Platón o, si se prefiere, su versión moderna, más plástica, más real y más plausible que se puede ver en el filme Matrix. Bukowski dice: "La gente sólo abrazaba a ciegas lo que se le pusiese delante: […]. La gente tenía que encontrar cosas que hacer mientras esperaba la muerte. Supongo que está bien poder elegir." ¿Qué son todas estas cosas, que hemos visto, clasificado y analizado anteriormente, sino las sombras que se reflejan en la pared de la caverna platónica?
Prosigamos y completemos la analogía. La humanidad vive atada por las piernas y el cuello (alienación, en su concepción marxista) en el interior de la caverna (contexto histórico, político y socioeconómico actual), viendo sombras (métodos de evasión de la muerte y de los demás miedos o, para cubrirlo todo, la totalidad de satisfacciones a las necesidades innatas o artificiales al género humano), proyectadas por el fuego (medios de comunicación o todos aquellos instrumentos de la globalización que contribuyen a la creación de un pensamiento único o una forma de vivir única). Platón no nos lo dice (o quizás, como todo hijo de su tiempo, no quiso, no pudo o simplemente no sabía decirnos), pero el fuego no está así colocado de manera arbitraria: alguien lo ha puesto de manera intencionada para usarlo con fines propios. ¿Quién o quiénes? Una vez más encaja el rompecabezas: el poder. Es interesante señalar que el poder, que no está ejercido por fantasmas o seres sobrenaturales, sino por personas de carne y hueso, también atiende al meollo de la cuestión, el miedo a la muerte, puesto que el poder –y sus prolongaciones en la propiedad privada, acaparamiento, dominio…– es una solución como las demás a la angustia que de aquella deriva.
Sigamos con el paralelismo: tanto en La república de Platón como en Matrix, alguien es liberado y deja de ver los reflejos (uno de los encandenados en el primer caso, y Neo y Morfeo en el segundo), saliendo al exterior de la caverna o del mundo digital para contemplar la esencia de la realidad, más allá de simple sombras. En el relato de Bukowski "de repente todo ello se evaporaba y se perdía". Ahora bien, en el mundo real, ¿qué es lo que sucede? Alejándonos de todo el misticismo que parezca comportar a priori, podemos afirmar que aquellos que van más allá de las sombras ven la verdad. ¿Y qué es la verdad? Yo lo entiendo como la comprensión y asimilación de nuestros miedos, nuestras preocupaciones y saber cómo enfrentarnos a ellas, aunque sea recurriendo a los métodos tradicionales pero siendo siempre conscientes de cómo los utilizamos, en qué medida nos ayudan y nos perjudican, o incluso buscar nuevos medios. Hay que valorar también el hecho de que la reflexión (filosófica), la salida de la caverna y del mundo artificial creado por computador son en sí mismos la mejor cura (recuérdese el significativo título del libro de Lou Marinoff Más Platón y menos Prozac).
Como colofón, reproducimos el interesante aforismo de Nietzsche: "Los que comprenden algo en todas sus profundidade, rara vez le permanecen fieles por siempre, pues han traído esas profundidades a la claridad del día: y lo que hay en las profundidades no suele ser agradable de ver".
Bibliografía
Este trabajo es fruto de una serie de reflexiones elaboradas principalmente a partir de un párrafo extraído de la novela Mujeres de Charles Bukowski. Pero además ha sido relacionado con otros textos de variados autores por ser considerados afines o interesantes a la hora de crear analogías, síntesis o comparaciones.
BUKOWSKI,Charles: Mujeres. Barcelona, Anagrama, 1994.
HOUELLEBECQ, Michel: Plataforma. Barcelona, Anagrama, 2002.
SAVATER, Fernando: Las preguntas de la vida. Barcelona, Ariel, 2000.
STRATHERN, Paul: Nietzsche en 90 minutos. Madrid, Siglo Veintiuno de España Editores, 1999.