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ZAPO.- ¡Manos arriba!

(ZEPO levanta aun más las manos, todavía más ame­drentado. ZAPO no sabe qué hacer. De pronto, va hacia ZEPO y le golpea suavemente en el hombro mientras le dice):

ZAPO.- ¡Pan y tomate para que no te escapes!

SR. TEPÁN.-Bueno, ¿y ahora, qué?

ZAPO.-Pues ya ves, a lo mejor, en premio, me ha­cen cabo.

SR. TEPÁN.-Átale, no sea que se escape.

ZAPO.- ¿Por qué atarle?

SR. TEPÁN.-Pero, ¿es que aún no sabes que a los prisioneros hay que atarles inmediatamente?

ZAPO.- ¿Cómo le ato?

SR. TEPÁN.-Átale las manos

SRA. TEPÁN.-Sí. Eso sobre todo. Hay que atarle las manos. Siempre he visto que se hace así.

ZAPO.-Bueno. (Al prisionero.) Haga el favor de po­ner las manos juntas, que le voy a atar.

ZEPO.-No me haga mucho daño.