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SR. TEPÁN.-Pues entonces podemos hacer una cosa: Parar la guerra.

ZEPO.- ¿Cómo?

SR. TEPÁN.-Pues muy sencillo. Tú le dices a todos los soldados de nuestro ejército que los soldados enemi­gos no quieren hacer la guerra, y usted le dice lo mismo a sus amigos. Y cada uno se vuelve a su casa.

ZAPO. ¡Formidable!

SRA. TEPÁN.-Y así podrá usted terminar de arreglar la plancha eléctrica.

ZAPO.- ¿Cómo no se nos habrá ocurrido antes una idea tan buena para terminar con este lío de la guerra?

SRA. TEPÁN.-Estas ideas sólo las puede tener tu pa­dre. No olvides que es universitario y filatélico. [...]

SRA. TEPÁN.- ¿Qué os parece si para celebrarlo baila­mos el pasodoble de antes? [...]

(Pone el disco. Suena un pasodoble. Bailan, llenos de alegría, ZAPO con ZEPO y la SRA. TEPÁN con su marido. Suena el teléfono de campaña. Ninguno de los cua­tro lo oye. Siguen, muy animados, bailando. El teléfono suena otra vez. Continúa el baile. Comienza de nuevo la batalla con gran ruido de bombazos, tiros y ametra­lladoras. Ellos no se dan cuenta de nada y continúan bailando alegremente. Una ráfaga de ametralladora los siega a los cuatro. Caen al suelo, muertos. Sin duda, una bala ha rozado el gramófono: el disco repite y re­pite, sin salir del mismo surco. Se oye durante un rato el disco rayado, que continuará hasta el final de la obra. Entran, por la izquierda, los dos camilleros. Llevan la camilla vacía. Inmediatamente, cae el  TELÓN