Este poema refleja un ambiente cargado de elementos exóticos y refinados "abrigo de marta cibelina" "el fuego que brilla en el salón" "el fino angora blanco" "la falda de Alençon" "un biombo de seda de Japón" "flor de lis" "cielo de París", elementos que representan el deseo de evasión de una realidad que no gusta. El poeta crea una realidad a su medida que, los elementos indicados, impregnan de artificio y, como consecuencia, distancian de la realidad objetiva. Exotismo y refinamiento son dos rasgos característicos del Modernismo que quedan patentes en este poema. También se percibe en él la sensualidad: por un lado, las referencias sensoriales tienen una gran importancia en la composición, por otro, la figura de la mujer y el entorno dibujado transmiten un cierto erotismo.

Con respecto a las referencias sensoriales, estas aparecen a lo largo de todo el poema y, en algunos casos, cada una de las referencias nos pone en contacto con varias sensaciones a la vez "marta cibelina" visual y táctil; "fuego que brilla" visual; "fino angora blanco" vista y tacto; "seda de Japón" tacto...

Por otro lado, la figura femenina forma parte del "decorado", podría decirse que es un elemento más del conjunto, pero, en realidad, es el centro del mismo: es el núcleo de calor -que el fuego intensifica- frente al contraste del exterior. Su imagen relajada, tranquila, acogedora "Medio apelotonada.../envuelta.../la invade un dulce sueño..." sugiere a la vez confortabilidad y sensualidad "como una rosa roja que fuera flor de lis", sensualidad a la que no es ajeno el hablante lírico pues su aparición en la escena despierta a la mujer "mírame, con su mirar risueño", para, a continuación, cerrar el poema con un verso "y en tanto cae la nieve del cielo de París" que nos recuerda un recurso cinematográfico para eludir escenas comprometidas.

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