Diciembre nos pone en contacto con el paso del tiempo, uno de los temas más importantes en la poesía de Angel González. El poeta parte de la personificación para crear unas imágenes que traducen las características denotativas de diciembre "vino silenciosamente/ estirando las noches hasta casi/ juntarlas", transformando la realidad objetiva, conocida, en una nueva realidad: el poeta, mediante sus imágenes, nos hace ver con mayor intensidad unos hechos que son expresión y evidencia del paso del tiempo "con bajas nubes grises... de las chimeneas" "espeso frío... de música" "que asesinaba pájaros". El poema va más allá de la mera descripción de diciembre: el valor simbólico del invierno y del último mes del año, le permiten reflexionar sobre el ciclo vital. El balance que hace el poeta no es positivo "oquedad sumergida/ en decepción y desfallecimiento" "manchado de recuerdos derribados", pero hay algo más "dejamos aquel año/ ... sin mirar atrás, / sin querer enterarnos/ de su agonía lívida a las puertas de enero". Es inevitable pensar en el tiempo como repetición, como monotonía, como ciclo: esa referencia al mes de enero abre ciertas esperanzas pues supone dejar atrás, sepultado en diciembre, todo lo negativo que se viene arrastrando, pero es enero otra vez, otra repetición que, por lo tanto, ya conocemos. El poeta nos habla de "aquel año de gracia" que no llega a concretar, en realidad es cualquier año de cualquier vida.

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