Angel González comienza el poema con una descripción de los cambios que el otoño "impone" en el mundo natural: el otoño se va acercando lentamente -casi aparece ante nosotros con una presencia material-, resbalando por la colina hasta cubrir todo su espacio. La naturaleza, como obedeciendo a un mandato, reacciona ante su llegada: sabe qué hacer, pues no se trata de algo nuevo sino repetido eternamente "los pájaros... extraña". por otro lado, los signos que el otoño deja en la naturaleza transmiten inquietud y agresividad "Cada hoja caída... montaña" "Las verdinegras zarzas...". Es el tiempo, el paso del tiempo que transforma y deteriora .
Pero la última estrofa introduce un cambio: una
figura aparece caminando y el paisaje se transforma "y
una amarilla paz... espaldas" ¿El amor
como salvación? En el poema la luz y la calma sólo llegan tras
ese "Tú",
luz y calma que, además, se presentan unidas mediante una sinestesia
"paz amarilla"
que da profundidad al ambiente recreado.