|
ANTOLOGÍA
DE POESÍA CONTEMPORÁNEA
Todos los años uno siente una especie de remordimiento cuando
termina un nuevo curso de COU y la mayoría de los alumnos se han
ido sin leer y hablar de poesía.
Evidentemente se es libre para leer o no leer poemas pero, desde mi punto
de vista, sólo se puede ser libre para elegir entre cosas que se
conocen y, al igual que uno invita a la prueba de un bocado que cree exquisito,
yo os invito a la lectura de esta Antología de poemas que particularmente
conmovieron mi ánimo en alguna ocasión y de los que todavía
hoy disfruto a menudo.
La muestra pretende ser breve
pero intensa y variada, por ello encontraréis desde poemas que
reflexionan sobre la naturaleza de la propia poesía hasta otros
más comprometidos, desde poemas amorosos a los existenciales. Todos
ellos están escritos por autores que utilizan el español
como vehículo de comunicación, ya sean hispanoamericanos
o peninsulares, y todos han escrito en el siglo XX por lo que sus vivencias
nos pueden resultar más próximas.
Estoy convencido de que, una
vez terminada una lectura profunda y reflexiva de los poemas, unos decidirán
prescindir definitivamente de la poesía en sus vidas, mientras
que otros quedarán definitivamente "enganchados" con
algo tan estimulante y enriquecedor que tiene como único efecto
secundario el hacernos un poco más felices.
Amancio Carballido
RELACIÓN DE AUTORES
Sobre la creación Poética
1. VICENTE ALEIXANDRE. (SEVILLA 1898-1984)
Reflexión sobre la Vida
2. GIL DE BIEDMA. (BARCELONA 1929-1990)
3. LEÓN FELIPE. (ZAMORA 1884 - MÉXICO 1968)
4. JOSE AGUSTÍN GOYTISOLO. (BARCELONA 1928-1999)
5. JENARO TALENS. (TARIFA 1946)
Poemas amorosos
6. PEDRO SALINAS. (MADRID 1892 - BOSTON 1951)
7. LUIS GARCÍA MONTERO. (GRANADA 1958)
8. PABLO NERUDA. (CHILE 1904-1973)
Sobre el sufrimiento
9. BLAS DE OTERO. ( BILBAO 1916 - 1979)
10.ÁNGEL GONZÁLEZ.(OVIEDO 1925)
11. CÉSAR VALLEJO. (PERÚ 1892 - PARÍS 1938)
Palabras para una despedida
12. JOSE AGUSTÍN GOYTISOLO.(BARCELONA 1928)
----------------------------------------------------------
PARA QUIÉN
ESCRIBO
¿Para quién escribo?, me preguntaba el cronista, el
periodista o simplemente el curioso.
No escribo para el señor
de la estirada chaqueta, ni para su
bigote enfadado, ni siquiera para su alzado índice
admonitorio entre las tristes ondas de música.
Tampoco para el carruaje, ni
para su ocultada señora
(entre vidrios, como un rayo frío, el brillo de los
impertinentes).
Escribo acaso para los que no
me leen. Esa mujer que
corre por la calle como si fuera a abrir las puertas a la
aurora.
O ese viejo que se aduerme en
el banco de esa plaza
chiquita, mientras el sol poniente con amor le toma, le
rodea y le deslíe suavemente en sus luces.
Para todos los que no me leen,
los que no se cuidan de mí,
pero de mí se cuidan (aunque me ignoren).
Esa niña que al pasar
me mira, compañera de mi aventura,
viviendo en el mundo.
Y esa vieja que sentada a su
puerta ha visto vida, paridora
de muchas vidas, y manos cansadas.
Escribo para el enamorado; para
el que pasó con su
angustia en los ojos; para el que le oyó; para el que al
pasar no miró; para el que finalmente cayó cuando
preguntó y no le oyeron.
Para todos escribo. Para los
que no me leen sobre todo
escribo. Uno a uno, y la muchedumbre. Y para los
pechos y para las bocas y para los oídos donde, sin
oírme,
está mi palabra.
(ALEIXANDRE, Vicente.
EN UN VASTO DOMINIO.) |


POR LO VISTO
Por lo visto es posible declararse
hombre,
Por lo visto es posible decir no.
De una vez y en la calle, de una vez, por todos
y por todas las veces en que no pudimos.
Importa por lo visto el hecho de estar vivo.
Importa por lo visto que hasta la injusta fuerza
necesite, suponga nuestras vidas, esos actos mínimos
a diario cumplidos en la calle por todos.
Y será preciso no olvidar la lección:
saber, a cada instante, que en el gesto que hacemos
hay un arma escondida, saber que estamos vivos
aún. Y que la vida
todavía es posible, por lo visto.
(Gil de Biedma.LA
HISTORIA PARA TODOS)
|


COMO TÚ...
Así es mi vida,
piedra,
como tú. Como tú,
piedra pequeña;
como tú,
piedra ligera;
como tú,
canto que ruedas
por las calzadas
y por las veredas;
como tú,
guijarro humilde de las carreteras;
como tú,
que en días de tormenta
te hundes
en el cieno de la tierra
y luego
centelleas
bajo los cascos
y bajo las ruedas;
como tú, que no has servido
para ser ni piedra
de una lonja,
ni piedra de una audiencia,
ni piedra de un palacio,
ni piedra de una iglesia;
como tú,
piedra aventurera;
como tú,
que tal vez estás hecha
sólo para una honda,
piedra pequeña
y
ligera...
(FELIPE, León.
VERSOS Y ORACIONES DE CAMINANTE.)
|


AUTOBIOGRAFÍA
Cuando yo era pequeño
estaba siempre triste,
y mi padre decía,
mirándome y moviendo
la cabeza: hijo mío,
no sirves para nada.
Después me fui al colegio
con pan y con adioses,
pero me acompañaba
la tristeza. El maestro
graznó: pequeño niño,
no sirves para nada.
Vino, luego, la guerra,
la muerte -yo la vi-
y cuando hubo pasado
y todos la olvidaron,
yo, triste, seguí oyendo:
no sirves para nada.
Y cuando me pusieron
los pantalones largos,
la tristeza en seguida
cambió de pantalones.
Mis amigos dijeron:
no sirves para nada.
En la calle, en las aulas,
odiando y aprendiendo
la injusticia y sus leyes,
me perseguía siempre
la triste cantinela:
no sirves para nada.
De tristeza en tristeza
caí por los peldaños
de la vida. Y un día,
la muchacha que amo,
me dijo, y era alegre:
no sirves para nada.
Ahora vivo con ella,
voy limpio y bien peinado.
Tenemos una niña,
a la que, a veces, digo,
también con alegría:
no sirves para nada.
(GOYTISOLO, José
Agustín. SALMOS AL VIENTO.) |


II
Supongo que ser libre es estar solo,
aceptar la violencia con que la noche cae,
sin otra compañía que la noche.
Nadie depende ahora de mí. No tengo planes.
Tampoco estoy seguro de la eternidad,
pero conozco, al menos, mis limitaciones.
Sé lo que quise o que fingí querer
manipulando a veces mi memoria.
Y aquí, sentado, espero mi bebida
entre rostros extraños que me ignoran.
Oigo el confuso parloteo de los comensales
y distingo con nitidez una pequeña ardilla desde la ventana.
Juega en el parque, entre la nieve, y no
sabe siquiera que es abril y hace frío.
La luz resbala por sus ojos, como
gotas de lluvia. Abre tu puerta -dice,
y no te ocultes en la oscuridad.
Un falso sol que tiembla en el invernadero
tiñe de azul las lilas y los potos.
Saludo sin pasión a un árbol solitario.
Son malos tiempos para la ternura.
(Jenaro Talens. TABULA
RASA) |


AYER te besé
en los labios
AYER te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más.
El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada
ya, para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.
Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no
- ¿adónde se me ha escapado? -.
Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos.
(SALINAS, Pedro. LA
VOZ A TI DEBIDA.)
|

EN LOS DÍAS
DE LLUVIA
MAS o menos extraña
la vida fue pasando tibiamente
por tu cuerpo y el mío.
Oigo la lluvia fría amontonarse
sobre las uralitas
y la noche me atrapa
en el sudor eterno de su tranquilidad.
Tal vez
debiera despertarte, hacerte compartir
este presentimiento
de lejana belleza
con el que me confundo apenas un instante
para volver a ti
que te abandonas
a la hermosa presencia
de tu respiración.
Pasan lentos los coches.
Oigo también
tu corazón lejano
pasar de madrugada entre la lluvia
y me asusta la sombra
de tanta intimidad.
Es tarde.
Uno escribe su vida en un poema,
analiza el amor
y se acostumbra
a seguir como está, junto a tu cuerpo
que quizá me recuerde todavía
desnudo entre las sábanas,
o las noches de lluvia nos confirman
que la vida, posiblemente hermosa,
no siempre es un asunto disponible
y que a veces resulta incluso mucha,
temible como ahora,
mientras que tengo miedo de besarte al azar.
Lo sé. Hemos sido extranjeros
hablándonos por señas demasiado cercanas,
ansiosos en las calles
de una nueva ciudad,
esperando tal vez que nos fotografíen
delante de este amor y de sus cicatrices,
eso que confundimos con nuestros sentimientos
o acaso
- en noches de locura -
con una sensación de humedad en los ojos.
Pero en pocas palabras se resumen
casi todos los días,
sus sílabas contadas en mis versos
y la felicidad.
Tibiamente los años
nos descubren
que nada existe ya sin tu sudor y el mío,
que somos todavía demasiado solemnes
cuando nos sorprendemos
temblando de pasión,
llenos de instinto mal disimulado.
Por eso, mientras llueve,
agradezco tu cuerpo entre las sábanas
y esta pasión desierta
de acariciar tus muslos,
más o menos extraños
y hermosos como un sueño
que acaba de llegar.
(GARCÍA MONTERO, Luis.
EL JARDÍN EXTRANJERO.)
|

>

PARA QUE TÚ
ME OIGAS
PARA que tú me oigas
mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas.
Collar, cascabel ebrio
para tus manos suaves como las uvas.
Y las miro lejanas mis palabras.
Más que mías son tuyas.
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.
Ellas trepan así por
las paredes húmedas.
Eres tú la culpable de este juego sangriento.
Ellas están huyendo de
mi guarida oscura.
Todo lo llenas tú, todo lo llenas.
Antes que tú poblaron
la soledad que ocupas,
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.
Ahora quiero que digan lo que
quiero decirte
para que tú me oigas como quiero que me oigas.
El viento de la angustia aún
las suele arrastrar.
Huracanes de sueños aún a veces las tumban.
Escuchas otras voces en mi voz dolorida.
Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas.
Ámame, compañera, en esa ola de angustia.
Pero se van tiñendo con
tu amor mis palabras.
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.
Voy haciendo de todas un collar
infinito
para tus blancas manos, suaves como las uvas.
(NERUDA, Pablo. 20 POEMAS
DE AMOR Y UNA CANCIÓN
DESESPERADA.)
|


Encuesta
QUIERO encontrar, ando buscando la causa del sufrimiento
La causa a secas del sufrimiento
a veces
mojado en sangre, en lágrimas, y en seco
mucho más. La causa de las causas de las cosas
horribles que nos pasan a los hombres.
No a Juan de Yepes, a Blas de Otero, a León
Bloy, a César Vallejo, no, no busco eso,
qué va, ando buscando únicamente
la causa del sufrimiento
(del sufrimiento a secas),
la causa a secas del sufrimiento a veces...
Y siempre vuelta a empezar.
Me pregunto quién goza
con que suframos los hombres.
Quién se afeita a favor
del viento de la angustia.
Qué sucede en la sección de Inmortalidad
cuando según todas las pruebas nos morimos para siempre.
Sabemos poco en materia de sufrimiento.
Estamos muy orgullosos con nuestro orgullo,
pero si yo les arguyo con el sufrimiento no saben qué decirme.
Mire usted en la guía
telefónica,
o en la Biblia, es fácil que allí encuentre algo.
Y agarro la biblia telefónica,
y agarro
con las dos manos la Guía de pecadores... y se caen al suelo
todos los platos.
Desde los siete años
oyendo lo mismo a todas horas, cielo santo,
santo, santo, como de Dios al fin obra maestra.
Pero, del sufrimiento, como
el primer día:
mudos y flagelados a doble columna. Es horrible.
(Blas de Otero. ANCIA)
|


TODOS USTEDES PARECEN
FELICES...
... y sonríen, a veces,
cuando hablan.
Y se dicen, incluso,
palabras
de amor. Pero
se aman
de dos en dos
para
odiar de mil
en mil. Y guardan
toneladas de asco
por cada
milímetro de dicha.
Y parecen - nada
más que parecen - felices,
y hablan
con el fin de ocultar esa amargura
inevitable, y cuántas
veces no lo consiguen, como
no puedo yo ocultarla
por más tiempo: esta
desesperante, estéril, larga,
ciega desolación por cualquier cosa
que -hacia donde no sé -, lenta, me arrastra.
(GONZÁLEZ, Ángel.
ÁSPERO MUNDO.) |


LOS HERALDOS NEGROS
Hay golpes en la vida, tan fuertes...
Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!
Son pocos; pero son... Abren
zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas
de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre... Pobre... pobre!
Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
Vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes...
Yo no sé!
(VALLEJO, César.
LOS HERALDOS NEGROS.) |


Palabras para Julia
Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante un muro ciego.
Te sentirás acorralada
te sentirás perdida y sola
tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te
dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en tí como ahora pienso.
Un hombre sólo una mujer
así tomados de uno en uno
son como polvo no son nada.
Pero cuando yo te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otros hombres.
Tu destino está en los
demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en tí como ahora
pienso.
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.
Perdóname no sé
decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.
Y siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en tí como ahora pienso.
(GOYTISOLO, José
Agustín.
AÑOS DECISIVOS.) |
|