Matemáticas: feminino/plural

 

 

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Juan Jacobo Durán Loriga (matemático coruñés, 17 de xuño de 1854 - 3 de decembro de 1911) pronunciou, o 25 de decembro de 1904  na Academia Provincial de Bellas Artes da Coruña, unha conferencia que levou por título "Una conversación sobre la matemática".

Foi unha longa conferencia que tivo unha importante repercusión na vida social e cidadá da época. A prensa local fixo referencia a este acontecemento, tanto antes coma despois da súa celebración.

Unha das liñas sobre as que Durán Loriga artellou a súa disertación, tratou sobre as súas opinións en relación coa capacidade das mulleres cara ás matemátiticas ao tempo que facía unha exemplificación arredor da vida e obra de catro mulleres matemáticas.

A seguir reproducimos textualmente a parte da conferencia á que nos estamos referindo. É unha obviedade facer a advertencia de que debemos poñer en relación o contido das opinións expresadas coa época histórica na que se fixo a redacción. A utilización deste texto na aula, pode ser o punto de arranque para a realización de interesantes debates e reflexións...

 

[…] Ahora señoras que me habéis hecho el gran honor de asistir a mi conferencia, y por cuyo acto os doy las gracias muy sinceras, quiero dirigirme exclusivamente a vosotras.

Todos sabemos, y vosotras no ignoráis que tenéis un corazón grande como un mundo, dispuesto a albergar el amor, él cariño desinteresado, el sacrificio heroico, lo mismo cuando al ser madres sois depositarias del afecto más puro de la tierra, que cuando en vuestra asistencia a los pobres, a los enfermos y hasta a los heridos en los campos de batalla, os convertís en ángeles para prodigar necesarios consuelos, aún con el riesgo de vuestra propia vida, que consideráis despreciable cuando practicáis el sublime mandamiento de amar al prójimo, pero lo que no sabéis, y muchos hombres niegan, es que tenéis un cerebro perfectamente  organizado para el trabajo intelectual aún cuando este se dirija por los  escabrosos senderos de la ciencia. Protestad conmigo del dicho no ya poco elegante, sino altamente injusto, del filósofo alemán Schopenhauer quien afirmaba que “las mujeres tienen los cabellos largos y las ideas cortas”.

¿Cómo no he de considerar en la mujer gran aptitud para        la ciencia si me estoy representando a Carolina Herschel, la hermana del gran astrónomo capaz de  ayudar a este en sus observaciones, descubrir siete cometas, publicar trabajos científicos y obtener para premiar sus méritos una pensión del Rey Jorge III, y la medalla de oro de la sociedad astronómica de Londres, y a la esposa del gran Lavoisíer trabajar con éste en el laboratorio, publicar obras de su ciencia predilecta y hasta gravar las láminas del tratado de química del eminente sabio? Viene también a mi memoria Hortensia Lapaute eminente calculatriz y con profundos conocimientos en astronomía. Pienso también en la sin par María Somerville (hija del almirante escocés Fairfax). Miembro de una porción de centros científicos, eminente matemática, física, química, con profundos conocimientos en mecánica celeste, esa difícil rama del saber humano, autora de obras notabilísimas corno son, entre otras, Estudio químico y magnético del sol, De la conexión de las fuerzas físicas y Ciencia molecular y microscópica, pensionada por la entonces Reina de Inglaterra y premiada por el Rey Víctor Manuel de Italia con la gran medalla de oro.

Veo en Clemencia Royer una enciclopedia viviente. Filosofía, física, historia natural, todo lo domina su portentoso cerebro. Hasta en economía política demostró sus conocimientos. En un concurso sobre una cuestión de impuestos, se repartió el premio entre ella y el tan conocido Proudhon. Su actividad unida a un carácter independiente no tenía límites. De ella es esta frase: “No me dejaré jamás embotellar, haré saltar el tapón”.

Sí, señoras, no lo dudéis, tenéis gran aptitud para la ciencia, constantemente estoy viendo en revistas matemáticas firmas femeninas.

Voy á citaros aún algunas damas consagradas al trabajo intelectual y puedo aseguraros que me sería fácil señalaros no unas cuantas docenas sino algunos cientos. Las que  voy a nombrar son contemporáneas.

W. I. Schiff. Profesora en una escuela superior de San Petersburgo. Publicó varios trabajos matemáticos.

Carlota Angas Scot. Doctora en ciencias de la Universidad de Londres. Profesora en un centro científico de los Estados Unidos y figura al lado de los grandes matemáticos de la época actual.

Gertrudis Wythoff. Colaboradora de varias revistas matemáticas.

Miss Gladstone. Hija del famoso estadista inglés sufrió exámenes científicos en la Universidad de Cambridge.

Miss Word. Se la deben varios inventos industriales.

Berta Lamme. Obtuvo en una Universidad de los Estados Unidos el título de ingeniero electricista.

Dorotea Klumpke. Doctora en ciencias en la Universidad de París después de sostener brillantemente esta tesis: “Contribución al estudio de los anillos de Saturno”.  Se la deben          numerosas observaciones sobre planetas y cometas nuevos. Da conferencias públicas sobre astronomía. Actualmente está al frente de la Oficina de medidas de clichés para el catálogo fotográfico de las estrellas. La ayudan en este trabajo varias señoras.

Actualmente están siguiendo muchas  señoritas estudios científicos en diversos centros. Los informes de los profesores son altamente favorables. Así por ejemplo el eminente matemático Klein, profesor en Goettingue dice: Durante este trimestre, seis damas han seguido el curso de matemáticas superiores manifestándose bajo todos los puntos de vista de igual valer que los concurrentes masculinos. En igual forma se expresan en Alemania los profesores de otras Universi­dades.

El Gobierno de los Estados Unidos abrió una información respecto a las capacidades comparadas de ambos sexos, y el dictamen de la mayoría de los centros científicos fue altamente favorable para la mujer.

Voy ahora, para terminar, a hacer una rápida reseña biográfica de cuatro mujeres que verdaderamente fueron glorias de la ciencia.

 

Marquesa de Chátelet

Gabriela Emilia Le Tonelier de Breteuil, casada con el Marqués de Chátelet Jammont, fue uno de esos privilegiados cerebros, que sólo de cuando en cuando aparecen en la historia de la ciencia.

Aún niña, siente una especie de intuición que la inclina hacia los estudios científicos, que luego cultiva con un ardor verdaderamente pasmoso. En correspondencia y amistad con grandes matemáticos adquiere vasta instrucción, que la pone en condiciones de aclarar y comentar la inmortal obra de Newton "Principios de filosofía natural", en la que aparecieron los dos grandes descubrimientos del colosal sabio inglés, el principio de la atracción universal y el cálculo de las flusiones, inventado este último casi al mismo tiempo, aunque independientemente, por el también inmortal Leibniz, aunque bajo el nombre de cálculo infinitesimal, que fue el que al fin prevaleció, invento que a la par que honró a la humanidad, fue poderosísima palanca para el adelanto de las ciencias físicas y astronómicas.

Decía Voltaire a propósito de la traducción del libro de los principios, aludiendo a la Marquesa: "Fue mujer que tradujo y aclaró á Newton, en una palabra, fue un grande hombre".

A la par que la Chátelet se dedicaba a la matemática pura con aptitud extraordinaria que obligó al gran Ampere a decir de ella "es un genio en geometría", cultivaba también con ardor la física. Una memoria presentaba en la Academia de Ciencias de París a propósito del tema "El fuego", que fue el elegido para el concurso anual, mereció los mayores elogios y su publicación en las colecciones de la Academia. En esta memoria opinaba la marquesa (conforme con lo que hoy se admite) que el calor y la luz obedecen á la misma causa.

Otro trabajo en que la Marquesa de Chátelet demostró su gran ingenio, ha sido la Institutions de phisique, obra en que se estudian profundamente las nociones de espacio, fuerza y tiempo. Dicho trabajo que estuvo muy en boga, fue traducido al alemán y al italiano. En esta obra la autora acepta la doctrina de Leibniz acerca de las nociones de cantidad de movimiento y fuerza viva en contra del concepto de Descartes y Newton. También publicó trabajos literarios.

Nada decimos de la personalidad moral de la Chátelet pues nos dolería tocar este punto, basta rendir tributo de admiración a la sabia.

La marquesa de Chátelet murió a los 43 años, en 1749.

 

Sofía Germain.

He aquí señores en esta célebre mujer un ejemplo de como en ocasiones marca el destino de las personas un incidente imprevisto. La circunstancia de haber caído en manos de la niña Sofía (pues esto que voy a referir sucedió cuando tenia 13 años) la Historia de la matemática de Montucla, fue el acicate que decidió su profesión científica. Sintió al leer el relato de la trágica muerte del gran Arquímedes, profunda admiración por una ciencia que de tal modo absorbe y subyuga, y vivísimos deseos de conocerla. Las circunstancias eran propicias, pues los relatos que oía de los sucesos que se desarrollaban en París en la época del Terror, la decidieron a no salir de casa, pudiendo engolfarse a su antojo en la lectura de las obras de Bezout; aun a trueque de desagradar a su familia, que no podía ver indiferente el castigo que imponía a su cuerpo con largas veladas dedicadas al estudio. Pero su decidida vocación era superior a todo, y se hacía necesario que aún a costa de su salud escalase el templo de la ciencia, para llegar a ser una gloria francesa y uno de los fenómenos más raros de su sexo. Sofía Germain en sus primeros trabajos y en  su correspondencia con los más eminentes matemáticos de la época, solía firmar con el seudónimo Un éléve de l´Ecole polytechnique y también con el de Le Blanc. Temía, decía ella, el ridículo que a veces va unido al título de mujer sabia.

Era el año 1812, y por aquella época constituía una de las direcciones de la ciencia las aplicaciones del análisis a ciertos fenómenos físicos para formar lo que hoy se llama Física matemática. Las dificultades que frecuentemente había que vencer eran enormes, en este período de formación de la nueva ciencia. La Academia de Ciencias de París sometió a concurso para otorgar el gran premio este tema: Exponer la teoría de la vibración de las placas elásticas y comparar los resultados con la experiencia.

El problema se consideraba dificilísimo. Lagrange lo consideraba irresoluble con los recursos analíticos hasta entonces conocidos. Pues bien: ¿Sabéis quien obtuvo el gran premio?... la admirable Sofía Germain.

También en aritmética superior, esa rama dificilísima de la matemática de que os hablé anteriormente, demostró Sofía extraordinaria sagacidad. Sostuvo profunda correspondencia con el gran aritmólogo alemán Gauss y publicó varias memorias, una de las cuales figura en el gran tratado de Legendre sobre la Teoría de los números.

El genio de Sofía Germain no se saciaba con el estudio de la matemática y su gran actividad necesitaba seguir diversos derroteros, así es que hizo objeto de sus meditaciones profundas, los estudios filosóficos. Hay de ella una obra póstuma, Consideraciones  sobre el estado de las letras y de las ciencias en diferentes épocas de su cultura, que la crítica consideró de gran importancia. Sus tendencias filosóficas caminan al positivismo y establecen la unidad de las manifestaciones del entendimiento, decía: "Hay en nosotros un sentimiento profundo de unidad, orden y proporción, que sirve de guía a nuestro juicio y que nos conduce, en las cosas morales, a la regla del bien; en las intelectuales, al conocimiento de la verdad; y en las de puro agrado, al concepto de lo bello.

He aquí varios juicios de eminentes sabios respecto a esta mujer extraordinaria: "La señorita Germain, es quizás la persona de su sexo, que con más profundidad ha penetrado en la matemática" (Briot). "Fue matemática más profunda que la Marquesa de Châtelet y la señorita Agnesi; tenía el talento filosófico de esta última" (Chasles). "Yo aprecio todo lo que merece un trabajo, que pocos hombres pueden leer, y que una sola mujer pudo escribir" (Navier).  "Sofía Germain fue la Hypatie del siglo XIX" (De Prony).

Nuestra biografiada murió relativamente joven (a los 55 años) a causa de una afección cancerosa, pero continuó trabajando hasta el último día de su vida. Para honrar su memoria existe una calle que lleva su nombre.

  

Maria Agnesi

Fue esta célebre dama italiana el tipo acabado de la mujer ideal; grande en la ciencia, admirable en la virtud. Nació en Milán en 1718 y murió a los 87 años. Su erudición era verdaderamente extraordinaria: lenguas, filosofía, ciencias físicas, naturales, matemáticas, todo lo penetraba su potente cerebro. Sabía el alemán, el español, el latín, el hebreo y el griego. En este último idioma rezaba siempre el oficio de la Virgen.

Acostumbraba a recibir en su casa a personas de gran valía para disertar sobre temas filosóficos, tomando ella parte en todas las discusiones; se asegura que a los 19 años había discutido 181 tesis en las que se trataban los puntos más variados ya relativos a las ciencias físicas y naturales ya a cuestiones de filosofía abstracta.

Siendo aún más joven y por satisfacer los deseos de su padre, hombre muy amante de las ciencias, emprendió el estudio de las matemáticas, demostrando una aptitud extraordinaria. A los 30 años publicó en su idioma patrio, la famosa obra Instituciones Analíticas que sustituyó por completo a las que entonces estaban en boga. En dicha obra que costó diez años de trabajo y fue traducida al francés y al inglés, estudiaba el álgebra con sus aplicaciones geométricas y el cálculo infinitesimal, con gran claridad y precisión, mereciendo de la Academia de Ciencias de París brillante informe, considerándola como la mejor que se había publicado hasta entonces en esta rama de la ciencia.

El Papa Benedicto XIV recompensó a la autora con una corona de piedras preciosas y una medalla de oro, nombrándola además para una cátedra, que no llegó a ejercer, en la Universidad de Bolonia.

Pero la preocupación constante de María Agnesi, más aún que la ciencia, era la religión, que estudió profundamente, y un vivísimo deseo de ejercer la caridad. Cuando sólo tenía 20 años quiso  hacerse religiosa, pero la obediencia paterna la obligó a aplazar el cumplimiento de sus deseos, si bien recabando la concesión de no asistir a bailes ni otros espectáculos mundanos y permitirle la asistencia a mujeres enfermas. Pero su vocación siguió manifestándose y a la muerte de su padre entró en la orden de Religiosas Turquinas, llegando a ser superiora del hospital Tribulzi, en donde murió el año 1799. Sobre su tumba se lee este hermoso epitafio: "Hija admirable por su piedad, ciencia y caridad".

 

 

Sofía Kowalevski.

En el año 1888 la Academia de Ciencias de París propuso como tema para alcanzar el premio Bordín el siguiente asunto: "Perfeccionar en un punto importante la teoría del movimiento de un cuerpo sólido". Entre las Memorias presentadas fue elegida por unanimidad para el premio la que llevaba el siguiente lema: "Di ce que sais, fais ce que dois, advienne que pourra". En este trabajo se señalaba un caso nuevo, en que se podía dar solución al dificilísimo problema del movimiento de un cuerpo pesado alrededor de un punto fijo.

¿Sabéis quien alcanzó el premio en este gran concurso al que acudieron eminentes sabios? pues sencillamente, una dama rusa, Sofía Kowalevski (neé Korwin-Krukowski). Como veis contemporánea, y todos vosotros pudisteis haberla conocido, pues falleció hace 14 años, no teniendo más que 41 de edad.

El talento matemático de esta dama ha sido asombroso, quizá ninguna otra la haya sobrepujado en este punto. Sus actitudes se revelaron desde muy niña, se cita el caso notable de haber aprendido sola a leer.

Empezó a estudiar la matemática elemental a los14 años y a los 18, casada ya con Kowalevski, fue a la universidad de Heidelberg para continuar sus estudios matemáticos, por los que sentía una pasión irresistibles, poco después se trasladó a Berlín en donde le enseñó particularmente, durante 3 años, el eminente geómetra, glorioso profesor que fue de aquella Universidad, Weierstrass. Terminados estos estudios recibió el titulo de Doctor en la Universidad de Goettingue, presentando tres tesis originales muy notables, dos sobre Cálculo infinitesimal y la tercera sobre Mecánica celeste.

Cita Sofía Kowalevski en sus Memorias un hecho que es verdaderamente curioso. Cuando a los 16 años empezó el estudio de Cálculo infinitesimal, su profesor se admiraba de la rapidez de sus adelantos, como si aquello le fuera ya conocido, y evocando recuerdos resultó que en el castillo de Palibino, en donde vivió sus 15 primeros años, su padre, general de Artillería, había mandado empapelar una habitación (la destinada a jugar los niños) con hojas de cuadernos de análisis infinitesimal, los que él había estudiado en su juventud. La niña Sofía, sin duda más afanosa en descifrar aquellos jeroglíficos, que en dedicarse a los juegos de la infancia, se había asimilado sin darse cuenta, lo que después le había de conducir a ser una verdadera gloria de su sexo. ¡Qué misterios en el cerebro del genio!

Sofía Kowalevski fue también notable literata. Le messager d´Europe (revista rusa) publicó un trabajo suyo, Recuerdos de la infancia, que según la crítica, el análisis psicológico que en él se hace, podría suscribirlo un Bodrget o un Tolstoi. Suyos son también los trabajos Vae Victis que simboliza la lucha de la vida. Y otro dedicado a la novelista inglesa que figura en el siguiente titulo Souvenirs sur George Eliot. No sabía nuestra eminente sabia, si dar la preferencia a las ciencias o a las letras. Interrogada sobre este punto por su amiga la novelista rusa señora Cnoubleski contestó: Me sería imposible decir si amo más la matemática o la literatura.

Cuando mi cerebro se encuentra fatigado con especulaciones abstractas, me atrae la observación de la vida y me dispongo a tomar la pluma. En otras ocasiones, todo me parece mezquino en la vida, insignificante, y entonces me entrego a la contemplación de las leyes inmutables y eternas de la ciencia.

No pudo ciertamente nuestra biografiada considerarse feliz a pesar de la aureola de gloria que la envolvía y divinizaba, pues cuando solo tenía 33 años, pasó por el amargo trance de ver suicidarse a su marido, completamente arruinado al acometer empresas industriales.

El profesor Mittag-Leffier, el gran analista sueco, trató de atender a su desamparo, consiguiendo se la diese una cátedra en la Universidad de Estocolmo pero solo explicó la primera conferencia, pues atacada de una pleuresía aguda dejó de latir aquel corazón de artista y de funcionar su potente cerebro. ¡Qué misterios hay para el hombre en la existencia! Dejó una hija también llamada Sofía, que ignoro si ha heredado el genio de su madre.

 

Creo señoras y señores que habréis quedado perfectamente convencidos de la aptitud de la mujer para la ciencia, así es que al no instruirla se deja perder una gran parte de la humanidad intelectual. ¿Quiero decir con esto que deseo que todas las mujeres sean doctoras? De ningún modo, bien conozco la sagrada misión que la mujer tiene que desempeñar en la familia, pero sí entiendo, que se la debe dar una instrucción científica suficiente para que conozca los elementos de las ciencias y que si entre ellas hay un cerebro, como el de un Newton, un Leibnitz, un Descartes, un Lavoisier, un Faraday o un Ampere, se la ponga en condiciones de elevarse a las serenas regiones donde fulgura el genio.

Por otra parte creo que la madre debe dirigir por sí misma la primera educación moral e intelectual de sus hijos, y que ella es la que tiene la sagrada misión de enseñarles, en esos primeros años en que las impresiones dejan eternas huellas, a amar mucho, pero mucho, a su Dios, a la Patria y a la Ciencia.

Enseñemos pues a la mujer, no dejemos estériles sus aptitudes ¡si hasta la tradición parece quiere convencernos de que no debe ser excluida de la ciencia! En iconología se representa la geometría por una mujer de mediana edad cubierta con blanco velo, un globo a sus pies y trazando un círculo con un compás. La mitología ha hecho salir del cerebro de Júpiter a Minerva,  la Diosa de la sabiduría y de la ciencia. En fin, la astronomía es presidida por Urania, una de las nueve musas. […]

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