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IDENTIDADE INDIVIDUAL
- José María Fonollosa: Ciudad del hombre: Barcelona. DVD ediciones.
Barcelona, 1.996. Páx. 64
Poesía titulada "Passeig de Montjuïc"
Masculinidade e feminidade
— Por cada mujer fuerte cansada de aparentar debilidad, hay un hombre
débil cansado de parecer fuerte.
— Por cada mujer cansada de tener que actuar como una tonta, hay un hombre
agobiado por tener que aparentar saberlo todo.
— Por cada mujer cansada de ser calificada como "hembra emocional",
hay un hombre a quien se le ha negado el derecho a llorar y a ser delicado.
— Por cada mujer catalogada como poco femenina cuando compite, hay un
hombre obligado a competir para que no se dude de su masculinidad.
— Por cada mujer cansada de ser un objeto sexual, hay un hombre preocupado
por su potencia sexual.
— Por cada mujer que se siente atada por sus hijos, hay un hombre a quien
le ha sido negado el placer de la paternidad.
— Por cada mujer que no ha tenido acceso a un trabajo o a un salario
satisfactorio, hay un hombre que debe asumir la responsabilidad económica
de otro ser humano.
— Por cada mujer que desconoce los mecanismos del automóvil, hay
un hombre que no ha aprendido los secretos del arte de cocinar.
— Por cada mujer que da un paso hacia su propia liberación, hay
un hombre que redescubre el camino hacia la libertad.
(Anónimo)
Natureza humana
"(...) Entre os pantasmas que ten producido o delirio
da razón destaca pola súa extravagancia
e recorrencia a idea filosófica da ausencia dunha natureza humana.
Tódalas outras especiesterían unha natureza (un xenoma,
un acervo xénico, pero os seres humanos serían a excepción.
A tese de que os seres humanos constitúen a única especie
animal carente de natureza definida, pois son pura plasticidade, amósase
xa claramente expresada no humanista Pico della Mirandola. Desde Pico
ata os conductistas e existencialistas, pasando polos idealistas e marxistas,
moitos pensaron que a especie humana carece de natureza, que somos pura
liberdade e indetrminación e que vimos ó mundo como unha
folla en blanco (tamquam tabula rasa).
(...) A natureza humana non é unha entelequia metafísica.
A natureza humana é o xenoma humano, idéntico en todos nós
nunha porcentaxe do 999 por mil. O un por mil de diferencia xenéticadistínguenos
a uns doutros, fai que sexamos homes ou mulleres, calvos ou peludos, listos
ou tontos, que cantemos coma Plácido Domingo ou coma min.
(...) Marx pensaba que a natureza humana é simplemente o resultado
das relacións de producción, de xeito que alterando as relaciónsde
producción poderíamos transformar a natureza humana mesma.
De ahí o mito do "home novo". Segundo Sartre, nos homes
a existencia como liberdade precede á esencia como natureza: os
seres humanos son libres de elexir ásúa propia natureza.
John Watson, fundador do conductismo pretendía ser quen de converter
a calquera neno, por medio dunha educación axeitada, en calquera
tipo de ser humano ou de profesional , con independencia da súa
idiosincrasia xenética. (...) O avance imparable na exploración
doxenoma humano fai insostenible calquera negación da nosa natureza.
CHomsky xa mostrara a incapacidade do conductismo para dar conta do desenvolvemento
da linguaxe infantil. Pinker acaba de extender o razonamento chomskyano
a tódalas nosas capacidades no seu novo libro, The Blank Slate
(a tábula rasa) nun ataque devastador contra "a negación
moderna da natureza humana". (...)"
(Jesús Mosterín: Un brinde pola natureza
humana, en Babelia. El Pais. 16-11-02)
PERSONALIDADE
- José María Fonollosa: Ciudad del hombre: Barcelona. DVD ediciones.
Barcelona, 1.996. Páx. 63
Poesía titulada "Avinguda del Marqués d' Argentera 1"
INTELIXENCIA
Relación da psicoloxía con outras ciencias
"La psicología puede desarrollarse manteniendo sólo
un estrecho vínculo con otras ciencias, que no la reemplazan,
mas la proveen de una información importante para que ella pueda
revelar con acierto su propia materia.
La primera ciencia con la que la psicología ha de mantener íntima
conexión es la biología. (...)
Hay que asimilar bien la diferencia en los principios existenciales
entre el mundo de los insectos, dotados de sólidos programas
innatos que aseguran la adecuada supervivencia en condiciones estables
y capaces, sin embargo, de conservar la especie hasta en situaciones
cambiantes, y el de los vertebrados superiores con su poco numerosa
descendencia, que puede subsistir sólo gracias al desarrollo
de nuevas formas individuales, variables de comportamiento que aseguran
la adaptación al cambiante medio. Sin esos conocimientos de los
principios biológicos generales de la adaptación no cabe
garantizar ninguna comprensión clara de las peculiaridades del
comportamiento de los animales, y todo intento de entender las complejas
formas de la actividad psíquica del hombre pierde su base biológica.
He ahí el porqué a la psicología científica
le es totalmente indispensable el tener en cuenta las leyes fundamentales
de la biología y nuevos capítulos de ésta como
son la ecología (ciencia sobre las condiciones del medio y sus
influjos) y la etología (ciencia de las formas innatas de comportamiento).
Naturalmente, los hechos que constituyen el objeto de la ciencia psicológica
no pueden reducirse en modo alguno a los propios de la biología.
La segunda ciencia con la que la psicología ha de mantener la
más íntima conexión es la fisiología, y,
en particular, el capítulo de la misma dedicado a la actividad
nerviosa superior.
La fisiología estudia los mecanismos ejecutores de unas u otras
funciones del organismo, mientras que la fisiología de la actividad
nerviosa superior lo hace de los mecanismos funcionales del sistema
nervioso que mantienen el "equilibrio" del organismo con el
medio ambiente.
Es fácil advertir cuán necesario deviene para el psicólogo
el conocimiento del papel que en este último proceso desempeñan
los distintos niveles del sistema nervioso, el de las leyes que regulan
los procesos metabólicos en el organismo, las leyes de funcionamiento
del tejido nervioso que ejecuta los procesos de excitación e
inhibición, y las de aquellas formaciones nerviosas complejas
que efectúan los de análisis y síntesis, el cierre
de las conexiones nerviosas, y aseguran los procesos de irradiación
y concentración de la excitación; así como también
el conocimiento de las formas esenciales de funcionamiento de las neuronas,
en estado normal o de inhibición (físico). Todo ello es
enteramente indispensable para que el psicólogo que estudia los
tipos fundamentales de actividad psíquica del hombre no se limite
a la simple descripción de los mismos, sino que comprenda los
mecanismos en que se apoyan estas complejisimas formas de actividad,
los aparatos que las ejecutan y los sistemas en que ellas transcurren.
Desconocer las leyes de la fisiologia significaría privar a la
psicología de una de las fuentes esenciales del conocimiento
científico. Una importancia decisiva para la psicología
tiene su vinculación con las ciencias sociales. (...)
Un hombre que no hubiere asimilado la experiencia de toda la humanidad,
transmitida con auxilio del lenguaje -este depositario de la información-,
no tendría ni siquiera una ínfima parte de las posibilidades
con que cuenta su comportamiento real. Naturalmente, las formas de actividad
del hombre se hacen realidad en función de su cerebro y se basan
en las leyes de sus procesos nerviosos superiores, mas ningún
sistema nervioso de por sí habría podido asegurar la formación
del empleo de las herramientas y del lenguaje ni explicar el surgimiento
de las complejísimas formas de la actividad humana nacidas en
la historia de la sociedad.
La auténtica relación de la psicología y la fisiología
radica en que la primera estudia las formas y métodos de la actividad
que han surgido en el proceso de la historia social y que determinan
el comportamiento del hombre, mientras que la fisiología de la
actividad nerviosa superior se ocupa de los mecanismos naturales que
hacen realidad o ejecutan dicho comportamiento." (Luria:
Introducción evolucionista a la Psicología)
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CIENCIA, TÉCNICA E SOCIEDADE
Un caso histórico a título de exemplo
“Como simple ilustración dalgúns aspectos
importantes da investigación científica, parémonos
a considera-los traballos de Semmelweis en relación coa febre
puerperal.
Ignaz Semmelweis, un físico de orixe húngara, rearealizoulizou
eses traballos entre 1844 e 1848 no hospital xeral de Viena. Como membro
do equipo médico da Primeira División de Maternidade do
hospital, Semmelweis sentíase angustiado ó ver que unha
grande proporción de mulleres que tiñan parido nesa división
contraían unha seria e a miúdo fatal enfermidade, coñecida
como febre puerperal ou febre de sobreparto. En 1844, ata 260, dun total
de 3.157 nais da División Primeira –un 8,2 %– morreron desa enfermidade;
en 1845,o índice de mortes era do 6,8 %, e en 1846, do 11,4.
Estas cifras eran sumamente alarmantes, porque na adxacente Segunda
División de Maternidade do mesmo hospital, na que se atopaban
instaladas case tantas mulleres como na Primeira, a porcentaxe de mortes
por febre puerperal era moito máis baixo: 2,3, 2,0 e 2,7 nos
mesmos anos. Nun libro que escribiu máis tarde sobre as causas
e prevención da febre puerperal, Semmelweis relata os seus esforzos
por resolver este terrible rompecabezas.
Semmelweis empezou por examinar varias explicacións do fenómeno
correntes na época; rexeitou algunhas que se amosaban incompatibles
con feitos ben establecidos; a outras someteunas a contrastación.
Unha opinión amplamente aceptada atribuía as ondas de
febre puerperal a “influencias epidémicas”, que se describían
vagamente como “cambios atmosférico-cósmico-telúricos”,
que se estendían por distritos enteiros e producían a
febre puerperal nas mulleres que estaban de sobreparto. Pero ¿cómo
–argüía Semmelweis– podían esas influencias ter infestado
durante anos a División Primeira e ter respectado a Segunda?
E ¿cómo podía compatibilizarse esta concepción
co feito de que mentres a febre asolaba o hospital, case non se producían
casos na cidade de Viena ou os seus arredores? Unha epidemia de verdade,
coma o cólera, non sería tan selectiva. Finalmente, Semmelweis
sinala que algunhas das mulleres internadas na División Primeira
que vivían lonxe do hospital foron sorprendidas polas dores de
parto cando ían de camiño e deran a luz na rúa;
sen embargo, malia destas condicións adversas, a porcentaxe de
mortes por febre puerperal nestes casos de “parto na rúa” era
máis baixo que o da División Primeira.
Segundo outra opinión, unha causa da mortaldade na División
Primeira era o amoreamento. Pero Semmelweis sinala que de feito o amoreamento
era maior na División Segunda, en parte como consecuencia dos
esforzos desesperados das pacientes para evitar que as ingresasepuideran
na tristemente célebre División Primeira.
Semmelweis descartou asimesmo dous conxecturas similares facendo notar
que non había diferencias entre as dúas divisións
no que se refería á dieta e o coidado xeral das pacientes.
En 1846, unha comisión designada para investiga-lo asunto atribuíu
a frecuencia da enfermidade na División Primeira ás lesións
producidas polos recoñecementos pouco coidadosos a que sometían
ás pacientes os estudiantes de medicina, tódolos cales
realizaban as súas prácticas de obstetricia nesta División.
Semmelweis sinala, para refutar esta opinión que a) as lesións
producidas naturalmente no proceso do parto son moito maiores que as
que poidera producir un exame pouco coidadoso; b) as comadroas que recibían
ensinanzas na División Segunda recoñecían ás
súas pacientes de xeito moi análogo, sen por iso produci-los
mesmos efectos; c) cando, respondendo ó informe da comisión,
reduciuse á metade o número de estudiantes e restrinxiuse
ó mínimo o recoñecemento das mulleres por parte
de eles, a mortalidade, despois dun breve descenso acadou as súas
cotas máis altas.
Acudiuse a varias explicacións psicolóxicas. Unha delas
facía notar que a División Primeira estaba organizada
de tal modo que un sacerdote que portaba os últimos auxilios
a unha moribunda tiña que pasar por cinco salas antes de chegar
á enfermería: sostíñase que a aparición
do sacerdote, precedido por un acólito que facía soar
unha campaniña, producía un efecto terrorífico
e debilitante nas pacientes das salas e as facía así máis
propicias a contraer a febre puerperal. Na División Segunda non
se daba este factor adverso, porque o sacerdote tiña acceso directo
á enfermería. Semmelweis decidiu someter a proba esta
suposición. Convenceu ó sacerdote de que debía
dar un rodeo e suprimi-lo toque de campaíña para conseguir
que chegara á habitación da enferma en silencio e sen
ser observado. Pero a mortalidade non decreceu na División Primeira.
A Semmelweis ocorréuselle unha nova idea: as mulleres, na División
Primeira, xacían de espaldas; na Segunda, de lado. Aínda
que esta circunstancia lle parecía irrelevante, decidiu, aferrándose
a un cravo ardendo, probar a ver se a diferencia de posición
resultaba significativa. Fixo, pois, que as mulleres internadas na División
Primeira se deitasen de lado, pero, unha vez máis, a mortalidade
continuou.
Finalmente, en 1847, a casualidade deu a Semmelweis a crave para a solución
do problema. Un colega seu, Kolleetschka, recibiu unha ferida penetrante
nun dedo, producida polo escalpelo dun estudiante co que estaba realizando
unha autopsia, e morreu despois duna agonía durante a cal amosou
os mesmos síntomas que Semmelweis tiña observado nas víctimas
da febre puerperal.
Aínda que por esa época non se describira aínda
o papel dos microorganismos nese tipo de infeccións, Semmelweis
comprendeu que a “materia cadavérica” que o escalpelo do estudiante
introducira na corrente sanguínea de Kolletschka fora a causa
da fatal enfermidade do seu colega, e as semellanzas entre o curso da
doenza de Kolletschka e o das mulleres da súa clínica
levou a Semmelweis á conclusión de que as súas
pacientes morreran por un envelenamento do sangue do mesmo tipo: el,
os seus colegas e os estudiantes de medicina foran os portadores da
materia infecciosa, porque el e o seu equipe acostumaban chegar ás
salas inmediatamente despois de lavarse as mans só dun modo superficial,
de xeito que estas conservaban a miúdo un característico
cheiro a sucidade.
Unha vez máis, Semmelweis puxo a proba esta posibilidade. Argumentaba
el que se a suposición fora correcta, entón se podería
previr a febre puerperal destruíndo quimicamente o material infeccioso
adherido ás mans. Dictou, polo tanto, unha orde pola que se esixía
a tódolos estudiantes de medicina que se lavaran ás mans
cunha solución de cal clorurada antes de recoñecer a ningunha
enferma. A mortalidade puerperal comezou a decrecer, e no ano 1848 descendeu
ata o 1,27 % na División Primeira, fronte ó 1,33 da Segunda.
En apoio da súa idea, ou, como tamén diremos da súa
hipótese, Semmelweis fai notar ademais que con ela se explica
o feito de que a mortalidade na División Segunda fora moito máis
baixa: nesta as pacientes estaban atendidas por comadroas, e na súa
preparación non estaban incluídas as prácticas
de anatomía mediante a disección de cadáveres.
A hipótese explicaba tamén o feito de que a mortalidade
fora menor entre os casos de “parto na rúa”: ás mulleres
que chegaban con neno en colo case nunca se llas sometía a recoñecemento
despois do seu ingreso, e deste modo tiñan maiores posibilidades
de escapar á infección.
Asimesmo, a hipótese daba conta do feito de que tódolos
recen nacidos que contraeran a febre puerperal foran fillos de nais
que contraeran a enfermidade durante o parto; porque nese caso a infección
se lle podía transmitir ó neno antes do seu nacemento,
a través da corrente sanguínea común de nai e fillo,
o cal pola contra, resultaba imposible cando a nai estaba sá.
Posteriores experiencias clínicas levaron pronto a Semmelweis
a ampliar a súa hipótese. Nunha ocasión, por exemplo,
el e os seus colaboradores, despois de desinfectarse coidadosamente
as mans, examinaron primeiro a unha parturiente que padecía cancro
cervical ulcerado; procederon logo a examinar a outras doce mulleres
da mesma sala, despois dun lavado rutineiro, sen desinfectarse de novo.
Once das doce pacientes morreron de febre puerperal. Semmelweis chegou
á conclusión de que a febre puerperal podía ser
producida non só por materia cadavérica, senón
tamén por “materia pútrida procedente de organismos vivos”.
[...] Tomemos a hipótese que atribúe o alto índice
de mortalidade na División Primeira ó terror producido
pola aparición do sacerdote co seu acólito. A intensidade
dese terror, e especialmente os seus efectos sobre a febre puerperal,
non son tan directamente identificables como a diferencia no número
de enfermos ou na dieta, e Semmelweis utiliza un método indirecto
de contrastación. Pregúntase a si mesmo: ¿Que efectos
observables –se os hai– se producirían no caso de que a hipótese
fora verdadeira? E argumenta: se a hipótese fora verdadeira,
entón un cambio apropiado nos procedementos do sacerdote iría
seguido dun descenso de mortalidade. Comproba mediante un experimento
moi simple se se da esta implicación; atópase con que
é falsa, e, en consecuencia, rexeita a hipótese.
[...] Consideremos agora o caso en que a observación ou a experimentación
confirman a implicación contrastadora, I. Da súa hipótese
de que a febre puerperal é un envelenamento do sangue producido
por materia cadavérica, Semmelweis infire que a adopción
de medidas antisépticas apropiadas reducirá o número
de mortes por esa enfermidade. Esta vez os experimentos amosan que a
implicación contrastadora é verdadeira. Pero este resultado
favorable non proba dun modo concluinte que a hipótese sexa verdadeira,
porque o razoamento en que nos basamos tería a forma seguinte:
Se H é verdadeira, entón tamén o é I
(Como se amosa empiricamente) I é verdadeira
H é verdadeira
E este modo de razoar, coñecido co nome de falacia
de afirmación de consecuente, non é deductivamente válido,
é dicir, que a súa conclusión pode ser falsa, aínda
que as súas premisas sexan verdadeiras.
[...] Por tanto, neste caso as premisas eran ambas verdadeiras. Sen
embargo, a súa hipótese era falsa, porque, como el mesmo
descubriu máis tarde, a materia en proceso de putrefacción
procedente de organismos vivos podía producir tamén a
febre puerperal.”
(Carl G. Hempel: Filosofía de la Ciencia
Natural)
Ciencia e humildade
"La noticia de que científicos escoceses
han reproducido una oveja bautizada con el nombre de Dolly de una célula
de la ubre de otra borrega, ha inspirado imágenes alucinantes
de Frankenstein. La idea de la clonación, o la posibilidad de
producir en el laboratorio dobles de personas al por mayor, es sencillamente
aterradora para mucha gente. Despierta el temor de una sociedad decadente
en la que la esencia de la humanidad se ha perdido y el valor de la
vida se ha abaratado.
Esta reacción de alarma no nos debería sorprender. Desde
los comienzos de la civilización los grandes adelantos han sido
casi siempre recibidos con miedo, suspicacia y una buena dosis de indignación
moral. No han sido pocos los genios que sufrieron en su día el
rechazo colectivo o el castigo a manos del Estado o de la Iglesia. Algunos
incluso pagaron con la vida su talento.
Los cientificos no inventan verdades. Las descubren. Las verdades genuinas
rezuman claridad, precisión y belleza. Poseen la cualidad de
la evidencia, lo que las convierte en revelaciones. Las verdades nos
ayudan: a entender el universo y a conocernos mejor. Nos emplazan, sobre
todo, a ser conscientes de nuestra frágil naturaleza y a aceptar
nuestras limitaciones.
El proverbial narcisismo, la arrogancia y el endiosamiento de los hombres
y las mujeres han sufrido ataques durisimos de la ciencia a lo largo
de la historia. Por ejemplo, Nicolás Copémico se encargó
de derrumbar la ilusión de que la Tierra, la morada del ser humano,
era el centro del cosmos, al descubrir en el siglo XVI que giramos alrededor
del Sol, del que además dependemos para sustentar la vida. Más
tarde, Charles Darwin demostró que provenimos del mono. El impacto
de este hallazgo fue tan profundo como humillante pues en nuestra infatigable
persecución de la supremacía infinita habíamos
roto los lazos con el resto de la fauna y nos habíamos adjudicado
un origen divino.
Sigmund Freud dio la campanada a finales del siglo pasado. El padre
del psicoanálisis evidenció el poder extraordinario del
inconsciente sobre nuestros deseos y.comportamientos. Esta revelación
destruyó para siempre la creencia de que somos dueños
y señores de nuestra mente y de nuestros actos. Por su parte,
Albert Einstein propinó un golpe devastador a la omnipotencia
y al absolutismo humanos. Este científico genial demostró
que nuestra percepción de fenómenos supuestamente exactos,
como la velocidad de la luz de las estrellas o la rapidez del tiempo,
es relativa y depende de dónde nos situemos.
Todos estos logros memorables de la ciencia nos ensefñan que
el arte de vivir requiere conocimiento, pero también humildad.
Para superar los desafíos que nos plantea la existencia es importante
reconocer que somos una mera fracción del universo sujeta a un
proceso imparable de selección natural y evolución, que
existen fuerzas desconocidas que no controlamos pero que influyen poderosamente
sobre nuestras actitudes y conductas, y que la visión del mundo
es subjetiva y depende del punto de vista del observador.
La ciencia es una de las actividades humanas más nobles y relevantes.
Estoy seguro de que independientemente de los misterios que se esclarezcan
y del bienestar que alcancemos en el futuro, siempre contaremos con
almas geniales y persistentes que lucharán por sobrepasar la
sabiduría del momento y por recordarnos la importancia de la
modestia. Por eso, la espectacular clonación en Escocia no sólo
representa el enorme potencial de la ingeniería genética,
sino también la amenaza a nuestro anhelo vanidoso de onginalidad.
Y en su papel secundario de mera copia, la oveja Dolly escenifica la
virtud de la humildad."
(Luis Rojas Marcos: artigo publicado en El País Semanal, 13-4-97)
TÉCNICA
"Hay quienes consideran que toda novedad tecnológica,
por el hecho de serlo, es un paso más en la senda del progreso.
"Innovar" y "mejorar" se usan con muchísima
frecuencia como sinónimos. Quienes asi lo creen, comparten otras
convicciones. En particular coinciden en aceptar que siempre, en el
pasado, los grandes desarrollos tecnológicos, que luego han resultado
ser inocuos, despertaron terror entre los timoratos conservadores. Al
igual que pasó antes-se induce-, acontece hoy y ocurrirá
mañana. Por ello el tecnólogo, una vez convencido de la
bondad de su proyecto -añaden-, no debe preocuparse más
que de la correcta realización de su diseño. Ha de evitar
a todo trance dejarse desviar del mismo por presiones externas. Y más
cuando (como es lo habitual) son profanos quienes las ejercen. No creo
exagerar al decir que ése sigue siendo hoy, por desgracia, el
modo más común de entender el tecnólogo lo que
hace."
(José Sanmartín: "No toda producción
es síntesis". Anthropos, nº 94-95 Páx. 39)
“[...]. En primeiro lugar, as definicións de investigación
básica e aplicada da NSF [National Science Foundation of America]
e a OCDE implican que as intencións do investigador determinan
o tipo de investigación que realiza. Polo tanto se un investigador
comeza a súa tarefa sen unha aplicación específica
práctica á vista e, no curso dos traballos, aparecen
unha ou máis aplicacións, entón a investigación
se transforma de básica en aplicada. Se dous homes traballan
no mesmo proxecto, ben sexa xuntos ou separados, e un ten unha finalidade
específica e o outro non, entón a investigación
é básica e aplicada ó mesmo tempo.Se o organismo
patrocinador apoia con fondos unha investigación cunha aplicación
específica practica á vista, e sen embargo o investigador
non a ten ¿cómo podemos clasificar esa investigación?
En segundo lugar a distinción parece suxerir que os procesos
de investigación son entidades unitarias, cousas que podemos
circunscribir nos termos do seu funcionamento e consecuencias. Non
é este o caso no que concirne a moitos –quizais a todos- os
científicos.[...] Ademais cada investigación contén
inicialmente a posibilidade dun descubrimento orixinal. Neste senso,
non parecen demasiado relevantes as intencións do investigador
no que concirne á aplicación práctica dos seus
achados. Por outra parte, cando un proxecto de investigación
ten moitos aspectos e avanza cara ó descoñecido en varios
puntos da fronteira do coñecemento, é moi posible que
a investigación poda clasificarse como básica nalgúns
aspectos e como aplicada noutros.”
(Leslie Sklair: El conocimiento organizado.
Ed. Labor. Barcelona 1977)
"En el municipio, los hombres tienen hoy día
dos tareas que sólo ellos realizan: la labranza, hoy mecanizada,
y que por ello mismo excluye a las mujeres, y la matanza del cerdo.(...)
Hemos ido viendo cómo los trabajos realizados tradicionalmente
por las mujeres desaparecen o se transforman, y cómo la mecanización
las aleja de los campos. El único aparato agrícola que
utilizan regularmente las campesinas del municipio es la ordeñadora.
Pero, ¿seguirá siendo así si consiguen crear explotaciones
intensivas de 30 o 40 vacas? Si lo consiguen, ¿los hombres seguirán
buscando un trabajo asalariado? ¿Cuáles serán las
repercusiones de la entrada en el Mercado Común? Michel y otros
(1981), han comprobado que cuanto más se mecaniza una explotación,
más se les escapa a las mujeres, y ponen el ejemplo de ordeñar,
que al mecanizarse, ha pasado a ser un trabajo masculino en ciertas
regiones. "Ahora que tenemos ordeñadora, a veces me ayuda.
Antes no lo hacía nunca."
(Lourdes Méndez: Cousas de mulleres. Barcelona,
1987 Anthropos. Páx. 162, 177)
"La clase intelectual se atribuye el papel de vanguardia de la
transformación social y considera que los grandes resortes se
cifran en la transformación de la educación y en la difusión
del saber, ideales tan típicos de la Ilustración, olvidando
con un esquema intelectualista, el papel que las clases relegadas y
productivas estaban llamadas a jugar en el esfuerzo creador de una nueva
sociedad. (...)
Piérdese, así, toda la riqueza de una realización
básica del ser humano en su contacto primario con la naturaleza,
del cual nacen categorías y simbolismos decisivos.(...)
Y, de hecho, estas categorías brotadas de la experiencia técnica
han alimentado subterráneamente los esquemas de la ontología
y la metafísica oficiales."
(Carlos París: El animal cultural. Barcelona,
1994.Crítica, Grijalbo Mondadori)
"Los obreros cambian su mercancía, la fuerza
de trabajo, por la mercancia del capitalista, por el dinero y este cambio
se realiza guardándose una determinada proporción: tanto
dinero por tantas horas de uso de la fuerza de trabajo. Por tejer durante
doce horas, dos marcos. Y estos dos marcos, ¿no representan todas
las demás mercancías que pueden adquirirse por la misma
cantidad de dinero? En realidad, el obrero ha cambiado su mercancía,
la fuerza de trabajo, por otras mercancías de todo género,
y siempre en una determinada proporción. Al entregar dos marcos
el capitalista le entrega, a cambio de su jornada de trabajo, la cantidad
correspondiente de carne, de ropa, de leña, de luz, etc. Por
tanto, los dos marcos expresan la proporción en que la fuerza
de trabajo se cambia por otras mercancías , o sea el valor de
cambio de la fuerza de trabajo. Ahora bien, el valor de cambio de una
mercancía, expresado en dinero, es precisamente su precio. Por
consiguiente, el salario no es más que un nombre especial con
que se designa el precio de la fuerza de trabajo, o lo que suele llamarse
precio del trabajo, el nombre especial de esa peculiar mercancía
que sólo toma cuerpo en la carne y la sangre del hombre."
(Karl Marx: Trabajo asalariado y capital. Planeta
-Agostini. Páx. 9)
"Incertidumbre, riesgo y estacionalidad son, pues, importantes
factores a la hora de orientar las decisiones de los productores. Hemos
visto, también, cómo el riesgo no es igualmente asumible
por unos u otros productores de acuerdo, por ejemplo, al diferente tamaño
de su propiedad. Asimismo, el instrumental tecnológico, o los
medios de producción tampoco son accesibles del mismo modo o
en el mismo grado para unos y otros. De la misma manera, la estacionalidad
y, más particularmente, el modo como ésta afecta a los
requerimientos de trabajo a lo largo de un ciclo productivo, puede afectar
muy desigualmente a unas u otras unidades de producción, de acuerdo
a los particulares rasgos que pueden caracterizar a cada una de ellas.
En efecto, por ejemplo, el conocimiento, control y posibilidades de
utilización de determinados útiles tecnológicos
(la bodega, el molino, la almazara, el troje, el silo, el establo, la
cosechadora, empacadora, etc.) se convierten en un elemento de diferenciación
social que, además, se incrementa como consecuencia de la incidencia
de los ciclos de cultivo que reparten desigualmente las necesidades
de fuerza de trabajo a lo largo del ciclo anual. Asimismo, estas diferentes
necesidades inciden en la organización doméstica en tanto
que unidad de producción, y de reproducción, la cual tendrá
que adaptar el número de sus miembros, su capacidad productiva
y sus necesidades de fuerza de trabajo según el tamaño
y características de la explotación. Pero, también,
algunas caracteristicas de la explotación pueden explicarse en
función de las particulares características relativas
a la composición del grupo doméstico, sobre todo en relación
al tamaño del grupo y al sexo y edad de sus miembros. En definitiva,
aspectos tales como el espacio doméstico, la organización
de la producción y el tamaño y estructura del grupo doméstico
estarán relacionadas con las necesidades derivadas de las técnicas
utilizadas, con los diferentes grados de control/propiedad sobre las
mismas, así como con las diferentes alternativas ocupacionales
que se les ofrecen a los diferentes miembros del grupo doméstico.
En buena medida las estrategias campesinas de produccíón
se basan en que la fuerza de trabajo no está constituida exclusivamente
por unidades personales discretas, sino que se trata, también,
de una "unidad" doméstica de producción-consumo".
(J. Contreras: "Estrategias de producción y reproducción",
en J. Prat y otros, 1991: 347,348 )
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