HISTORIA DA FILOSOFÍA
La Ilustración
Nos encontramos en el siglo XVIII, el siglo de las luces. En él
se culmina el proceso iniciado en el Renacimiento y se asientan las bases de
los conocimientos que se desarrollarán en la contemporaneidad como son
las ciencias humanas, las ciencias históricas y las del lenguaje.
El origen del movimiento ilustrado está en Inglaterra, siendo considerados maestros indiscutibles de la Ilustración Bacon, Newton -el gran maestro modelo- Locke y Hume, aunque el mayor impacto del movimiento se producirá en Francia -Siècle des lumières-, que ocupará un lugar preeminente en esta época convirtiéndose en el centro irradiador de las luces respecto a todo el continente. Voltaire y Montesquieu pasaron tres y dos años respectivamente exiliados en Inglaterra, resultando para ambos una experiencia estimulante y ejemplar.
El máximo teorizador filosófico lo encontramos en Alemania con Kant.
En España se recibe la Ilustración a través del dominio francés y del influjo de los “afrancesados”. Es acostumbrado recordar a dos figuras españolas: Padre Feijóo y Jovellanos.
En todas estas manifestaciones nacionales, la palabra “Ilustración” acentúa el carácter de esclarecimiento o clarificación, refiriéndose a la gran importancia del saber racional. Con el desarrollo de la razón, los hombres pueden caminar hacia la consecución de sus aspiraciones y evitarán todos los males, que eran causados siempre por el “oscurantismo” en que se había vivido. En definitiva, por la razón y el progreso llegaremos a la libertad.
Este espíritu ilustrado se considera que fue alumbrado en Gran Bretaña con el Bill of righs (Declaración de derechos), en 1668, donde se reconocían los derechos de los ciudadanos y se establecía la monarquía parlamentaria. La culminación se sitúa en la Revolución francesa de 1789 y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Estos hechos políticos están cargados de una gran significación filosófica que se inicia con la proclamación de la ideología liberal-burguesa expresada en la “Epístola sobre la tolerancia”, de J. Locke y culmina con las ideas contenidas en la Enciclopedia.
El hecho de que se haga coincidir cronológicamente el inicio y el término de la Ilustración con sendas revoluciones políticas no implica ningún tipo de ruptura, ni en su comienzo ni en su final. Podemos decir que la mayor novedad del siglo XVIII es la pretendida valentía de la razón frente a las trabas con las que se había encontrado en períodos anteriores: Autoridad, tradición, oscurantismo, religión, etc. Este es el sentido que podemos dar al “sapere aude” de Kant, el slogan ilustrado que encontramos en el folleto kantiano “¿Qué es la Ilustración?”, donde dice:
“La Ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad de la que él mismo es responsable. Minoría de edad quiere decir incapacidad para servirse del entendimiento sin la dirección de otro. Esta incapacidad constituye una falta moral cuando procede, no de una falta de discernimiento, sino de un defecto de energía y de coraje imputable a la voluntad. Atrévete a usar tu propia razón -aude sapere-”.
La razón se proclama autárquica y autónoma. Intenta liberarse de las tutelas a las que había estado sometida: La Teología, Aristóteles y todavía en el siglo pasado (en el racionalismo) se termina recurriendo a Dios como fundamento último del pensamiento. Por tanto, la razón debe tener la audacia de trazar su propia trayectoria, dejar atrás las “autoridades” y atenerse sólo a sus leyes. Esto no significa un absolutismo de la razón, ya que se trata de una razón limitada, no por limitación ajena, sino por un límite nacido de su propio funcionamiento y naturaleza. Tampoco significa el “libertinismo” racional, sino un ejercicio controlado por el método. La razón se fija a sí misma un método dentro del cual puede aspirar al éxito.
Esta fe en la razón y en el método hizo de los ilustrados unos hombres optimistas sobre la marcha ulterior de la humanidad que, sin duda, seguiría la senda del progreso. Estaban convencidos de inaugurar una nueva etapa de desarrollo generalizado.
Si el tema que define el siglo de las luces es la razón, el más tratado y aludido es el de la Naturaleza. Este término adquiere en esta época una especie de magia. Es una especie de palabra “talismán” al que se le atribuyen todo tipo de propiedades, como la sabiduría o bondad. Naturalismo significa valoración de lo natural y sometimiento a la naturaleza. Se impone un acercamiento a la naturaleza por el camino más rápido: la experiencia. Hay que renunciar al pensar abstracto, a las ideas, a los análisis puros del espíritu; en contrapartida, hay que limitarse a la observación, a los hechos, al estudio de los fenómenos del mundo. Las construcciones abstractas y las imposiciones de la tradición nos han separado de la naturaleza. Bacon, que es visto comúnmente como la primera expresión de los valores de la modernidad en puro contraste con aquel período histórico -la Edad Media- que tan poco aprecio les merecía, nos advierte del influjo de los ídolos que nos impiden un conocimiento objetivo de la Naturaleza y nos ofrece la alternativa positiva de la legítima inducción, a cuyo estudio se dedicó. También se refiere a la concepción pragmática del saber que, siguiendo el lema “saber es poder”, considera despectivamente el pensamiento especulativo, mostrando una nueva sensibilidad respecto a las artes y a los oficios, hacia todo aquello que va a significar un mayor dominio de la Naturaleza.
Newton, por su parte, había coronado con éxito la gran revolución científica emprendida por la cultura moderna. Tal circunstancia constituyó un punto de referencia muy sólido para la autoconciencia de las luces. El triunfo de Newton fue tal que su figura y su obra acabaron cubriéndose de una aureola mítica que no permitió observar muchos matices y precisiones que ha logrado poner de manifiesto la investigación actual.
Por lo que se refiere a la ilustración francesa, el newtonismo tuvo que enfrentarse con el cartesianismo, pero a medida que fue avanzando el siglo el newtonismo se fue imponiendo de forma creciente, presentándose como una actitud rigurosa y moderna, mientras que Descartes entorpecía su actitud con inhibiciones pseudometafísicas. A pesar de todo, muchos ilustrados reconocieron en la compleja obra cartesiana un punto de referencia fundamental para el devenir de las luces. También Descartes, e incluso de un modo especial, quiso construir un pensamiento crítico y riguroso que inaugurase una nueva época de la razón. Como filosofía de la conciencia y de la libertad se impone como primera regla “no admitir como verdadera cosa alguna que yo no vez con evidencia que lo es”. La mente humana ha de esforzarse cuidadosamente por evitar la precipitación y la prevención con vistas a llegar al conocimiento objetivo de la verdad. De ese modo, también en Descartes la eliminación del falso conocimiento es la tarea previa a la implantación de la nueva verdad. Por ello no duda en afirmar que para filosofar seriamente e indagar la verdad de todas las cosas cognoscibles, lo primero que hay que hacer es eliminar todos los “prejuicios”. Con una radicalidad y una universalidad desconocidas hasta entonces, la duda metódica cuestiona todo el saber recibido para poder cimentar su nueva verdad sobre bases más seguras. Por ello los ilustrados no van a encontrar dificultad en conectar con este aspecto de la filosofía cartesiana.
También se produce una vuelta a lo natural en lo religioso con el deísmo naturalista; en pedagogía, preconizando la huida de lo artificial y societario que malea al educando -recordemos “El Emilio” de Rousseau-; en derecho, colocando en la naturaleza las normas fundamentales de la conducta -tesis de H, Grocio-.
A pesar de esto, no debemos buscar mucha precisión en los ilustrados a la hora de concretar el significado y las propiedades de este concepto. Con carácter muy general, podemos hablar de naturaleza como continuidad y uniformidad, entendiendo por continuidad de hechos los que se nos presentan en un desarrollo constante de los acontecimientos. Si esto es así, entonces la meta de la razón -notemos la conjunción de los dos temas- es descubrir las leyes que rigen fácticamente esos desarrollos constantes, uniformes...; pero con la renuncia explícita a todo intento de penetración en la causas íntimas, esenciales, que motivan ese curso continuo de los hechos concretos. Se da por supuesto que la naturaleza es racional. Nunca puede haber conflicto entre la razón y la naturaleza. Esto fomentó aún más la confianza en la razón, el optimismo ilustrado y la naturaleza pasa a ocupar el papel de explicación última que Dios había asumido en las explicaciones racionalistas.
El tercer tema que se nos propone en la Ilustración es el de la sociedad. No cabe la menor duda que el fruto principal del espíritu de los ilustrados es su preocupación por el hombre y la sociedad, o mejor, por el hombre en sociedad. La consideración del hombre como ciudadano y su preparación para que adquiera sus derechos en la sociedad es tema predominante.
La Ilustración no nos sitúa ante un humanismo teologizante, ni ante un humanismo de los valores personales al estilo renacentista, sino ante un humanismo positivista, que pretende un estudio del ser humano en cuanto incorporado a la naturaleza y formando parte de ella. El estudio de lo humano debe ser acometido a partir de las mismas premisas y con el mismo método de cualquier ciencia natural. Nada del ser humano debe sustraerse a la forma de análisis científico de la época, que es la del análisis experimental. No hay nada, en principio, que diferencie metodológicamente el tratamiento de un problema físico y el de una cuestión moral. Conocer y actuar moralmente en los humanos es algo tan natural como puede ser el respirar. Las ciencias naturales se han adelantado a las ciencias morales. Éstas, si quieren alcanzar a aquéllas, deben seguir sus métodos. A este respecto, es significativo el subtítulo de la obra de David Hume: “Tratado de la naturaleza humana”, que dice así: “Un intento de introducir el método experimental en los problemas morales”. Esta consideración naturalista de todo lo humano va a propiciar el nacimiento de las ciencias humanas: Psicología, pedagogía... Incluso pone los fundamentos de lo que más tarde se llamará sociología.
Todas las consideraciones que se hacían sobre el hombre lo situaban como sapiens. Esto lo coloca en la máxima jerarquía de los vivientes. Al aceptar la definición de homo sapiens, como animal que tiene razón, habían aceptado como fundamental que la razón es igual para todos los humanos. Esta igualdad se establece en el artículo primero de la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano:
“Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales no pueden estar fundadas más que en la utilidad común”.
Este artículo y toda la declaración es un ejemplo de la dedicación de los filósofos ilustrados al servicio práctico de la sociedad. En efecto, lo más innovador de la mente ilustrada es haber buscado una nueva concepción teórico-práctica de la sociedad. La situación del ciudadano en la sociedad, con la conquista del “Nuevo régimen”, como se llamó a la organización del Estado surgida de la Revolución francesa, es la de “miembro de una sociedad libre compuesta de muchas familias que participa de los derechos de esa sociedad”, según se define en la Enciclopedia. Si alguno de los miembros de esa sociedad no fuera libre o se le privara de sus derechos, no ocuparía el verdadero puesto de ciudadano. Esta conquista, que no se daba en el antiguo régimen, era la principal aspiración de los ilustrados. Para hacer efectiva esta aspiración y que el ciudadano ejerza convenientemente como tal se impone la atención a la educación, así como la difusión y popularización de la cultura, por eso Voltaire recomienda que el filósofo “baje a la calle”. Se trata de imponer un modelo de sociedad que describe Montesquieu en sus escritos, en los que, poniendo como modelo político a la Inglaterra de su tiempo, realiza una crítica comparativa de la sociedad de su tiempo en Francia. En “El espíritu de las leyes” defiende la doctrina del “derecho natural” que nos hace reconocer la igualdad entre todos los hombres por el hecho de ser hombres. Para hacer valer esta igualdad y evitar cualquier forma de esclavitud oprimente, resalta la importancia de las leyes y la separación de poderes.
El pensamiento de Locke también va a tener una influencia universal, de forma que resulta difícil exagerar el éxito alcanzado a lo largo del siglo. Muchos son los campos donde cabe advertir esta potencia de Locke: la teoría del conocimiento y la metafísica, pero también el pensamiento político y educativo. El pensamiento lockiano era experimentado a modo de liberación no sólo frente a un sistema escolástico obsoleto, sino también frente a la pesada estructura de los sistemas racionalistas. La negación de las ideas innatas, la reivindicación de la experiencia, el problema de los límites del conocimiento humano y el estudio de su génesis, el problema de las libertades políticas, el problema de la tolerancia, la plasticidad de la naturaleza humana respecto a la educación, un cristianismo menos fanático y supersticioso... son otros tantos problemas pertenecientes al acervo lockiano que gravitan poderosamente sobre los ilustrados franceses, si bien adaptándose a un contexto mucho más tenso y polémico del que había tenido que experimentar Locke.