"No ofrece ninguna duda que todo nuestro conocimiento comienza con la experiencia. En efecto, ¿qué podría despertar y poner en acción nuestra facultad de conocer si no fueran los objetos que hieren nuestros sentidos y que por una parte producen por sí mismos representaciones y por otra ponen en movimiento nuestra facultad intelectual a fin de que compare, enlace o separe estas representaciones y elabore así la materia bruta de las impresiones sensibles para obtener de ella un conocimiento de los objetos llamado experiencia? Según el tiempo, pues, ningún conocimiento precede en nosotros a la experiencia y con ella comienzan todos nuestros conocimientos.
Pero si bien todo conocimiento comienza con la experiencia, esto no prueba que se derive todo él de la experiencia, pues podría ser que nuestro conocimiento por experiencia fuera un compuesto de lo que recibimos de las impresiones sensibles y de lo que nuestra propia facultad de conocer proporciona por sí misma...”
KANT, l., Crítica de la razón pura.