"El valor de cambio
se presenta en primer lugar como la relación cuantitativa, la proporción
en que valores de uso de una clase se cambian por valores de uso de otra,
relación que varía constantemente con el tiempo y lugar.
Así, pues, el valor de cambio parece algo arbitrario y puramente
relativo; un valor de cambio intrínseco, inmanente a la mercancía,
parece, como diría la escuela, una conradictio in adjetio. Examinemos
la cosa más de cerca.
Una determinada mercancía, por ejemplo, un quarter de trigo, se
cambia por otros artículos en las más diversas proporciones.
Sin embargo, su valor de cambio permanece inmutable, ya se exprese en
x betún, en y seda, en z oro, etc.. Por tanto, debe tener un contenido
distinto de estas diferentes expresiones.
Tomemos ahora dos mercancías, por ejemplo, trigo y hierro. Sea
cual fuere su relación de cambio, siempre podrá representarse
mediante una ecuación en que una cantidad dada de trigo se considere
igual a una cantidad cualquiera de hierro, por ejemplo: 1 quarter de trigo
= x kilogramos de hierro. ¿Qué significa esta ecuación?
Significa que dos objetos diferentes, 1 quarter de trigo y x kilogramos
de hierro, tienen algo en común. Por tanto, ambos son semejantes
a un tercero que no es ni el uno ni el otro. Cada uno de ellos, en cuanto
valor de cambio, debe ser reducible al tercero, independientemente del
otro...
Este algo común no puede ser una propiedad natural cualquiera,
geométrica, física, química, etc., de las mercancías.
Sus cualidades sólo interesan en la medida que les dan una utilidad
que las convierte en valores de uso. Pero, por otra parte, es evidente
que al cambiar las mercancías se hace abstracción de su
valor de uso y que toda relación de cambio está caracterizada
por esta abstracción. En cambio un valor de utilidad vale justamente
tanto como otro cualquiera, siempre que se halle en la proporción
oportuna...
Como valores de uso, las mercancías tienen ante todo cualidades
distintas; como valores de cambio, sólo se diferencian por la cantidad.
Dejando a un lado el valor de uso de las mercancías, sólo
les queda una cualidad, la de ser productos del trabajo. Pero el producto
del trabajo ya ha sido metamorfoseado sin nosotros saberlo. Si hacemos
abstracción de su valor de uso, al mismo tiempo desaparecen todos
los elementos materiales y formales que le daban este valor. Ya no es,
por ejemplo, una mesa, una casa, hilo o un objeto útil cualquiera;
tampoco es ya el producto del trabajo del tornero, del albañil
o de cualquier otro trabajo productivo determinado. Con los caracteres
útiles particulares de los productos del trabajo, y al mismo tiempo
que ellos, desaparecen el carácter útil de los trabajos
en ellos encerrados y las diversas formas concretas que distinguen unos
tipos de trabajo de otros. Por tanto, ya no queda más que el carácter
común de estos trabajos; todos se reducen al mismo trabajo humano,
a un gasto de fuerza humana de trabajo, sien indiferente la forma concreta
en que dicha fuerza haya sido gastada.
Consideremos ahora el residuo de los productos del trabajo. Cada uno de
ellos es por completo semejante al otro. Todos tienen la misma realidad
fantasmagórica. Convertidos en sublimados idénticos, como
muestras del mismo trabajo indiferenciado, todos estos objetos sólo
manifiestan una cosa: que para producirlos se ha gastado una fuerza humana
de trabajo, que en ellos se ha acumulado un trabajo humano. Son considerados
valores en tanto que son la cristalización de esta sustancia social
común.
Por consiguiente, aquello que les es común y que se manifiesta
en la relación de cambio o en el valor de uso de las mercancías
es su valor; y un valor de uso o un artículo cualquiera no tiene
más valor que el del trabajo humano materializado en él.
¿Cómo medir ahora la magnitud de ese valor? Por el quantum
de la sustancia "creadora de valor", es decir, de trabajo, que
contiene. La medida de la cantidad de trabajo es el tiempo de su duración
y, a su vez, el tiempo de trabajo se mide en partes como la hora, el día,
etc.
Se dirá que si el valor de una mercancía viene dado por
el quantum de trabajo gastado en su producción, cuanto más
perezoso o inútil sea un hombre, más valdrá su mercancía,
puesto que emplea más tiempo en fabricarla. Pero el trabajo que
constituye la sustancia del valor de las mercancías es un trabajo
igual e indistinto, un gasto igual de fuerza. La fuerza de trabajo de
toda la sociedad, que se manifiesta en el conjunto de los valores, no
representa por tanto más que una fuerza única, aunque se
componga de innumerables fuerzas individuales. Toda fuerza individual
de trabajo equivale a otra cualquiera, siempre y cuando tenga el carácter
de fuerza social media y funcione como tal, es decir, que no emplee en
la producción de una mercancía más que el tiempo
de trabajo necesario por término medio o el tiempo de trabajo socialmente
necesario.
El tiempo socialmente necesario para la producción de las mercancías
es aquel que requiere un trabajo realizado con la destreza e intensidad
habituales en condiciones normales con relación al medio social.
Después de introducirse en Inglaterra el telar de vapor, el trabajo
necesario para transformar en tejido una cantidad de hilo dada, quizá
quedó reducido a la mitad. El tejedor inglés siempre necesitó
el mismo tiempo para llevar a cabo esta transformación; pero, a
partir d entonces, el producto de una hora de trabajo individual suyo
sólo representaba media hora de trabajo social, quedando reducido
a la mitad de su primitivo valor....
Evidentemente, la cantidad de valor de una mercancía permanecería
constante si el tiempo necesario para su producción permaneciese
de igual manera constante. Pero éste último varía
con cada modificación de la fuerza productiva del trabajo, la cual,
a su vez, depende de diversas circunstancias, entre las que se cuenta
el grado medio de destreza de los trabajadores, el desarrollo de la ciencia
y su nivel de aplicación en la técnica, la organización
social de la producción y la extensión y eficacia de los
medios de producción y las condiciones puramente naturales.