“Mucha gente llega al hospital para quitarse el tatuaje porque no consigue trabajo por este motivo. Para sacar un tatuaje se utilizan varios métodos, todo depende del sitio donde está y de la superficie corporal comprometida. Si es pequeño y lineal, como un nombre, se hace una simple resección de la piel y una sutura, entonces el tatuaje es reemplazado por una pequeña cicatriz lineal. Pero cuando son muy grandes, abarcan pecho, espalda, brazos o piernas, hay que hacer una resección con navaja y luego poner un injerto con la piel del paciente, obtenida de otra parte de su cuerpo. En realidad, se trata de un parche que implica los riesgos de toda intervención quirúrgica”, explica el cirujano plástico Oscar Alfredo Merbilhaa, jefe de la Sección Cabeza y Cuello del Hospital Municipal del Quemado, en Buenos Aires. La aplicación de láser es otra de las alternativas para disimular tatuajes. El láser produce la quemadura de la tinta, pero deja el recorrido del dibujo; el método es costoso y no garantiza una solución ciento por ciento efectiva. “Con esto no se puede jugar. El láser es también una agresión al cuerpo y no todas las tinturas pueden quemarse con esta técnica” advierte el doctor Gatti

 

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