El
6 de octubre de 1977, en un pequeño pueblo de Pakistán nació Insaf, ésta
pertenecía a una familia que para poder subsistir tenían que trabajar desde
que el sol salía hasta que se ocultaba.
Insaf
nunca había vivido como cualquier niña de su edad, poco después de haber
nacido, sus padres habían tenido dos hijas más, a parte de sus tres hermanos
mayores, todas nacieron muy seguidas, con un año o menos de diferencia.
Ella
y sus hermanas nunca tuvieron ningún tipo de libertad, a Insaf no se le permitía
ni ir a la tienda de la esquina, porque sus vecinos hubieran chismorreado que
ensuciaba sus vestimentas y hacía las tareas del hogar mientras sus hermanos,
los mayores, holgazaneaban a su alrededor.
Siempre
supo que sus padres la querían casar con un hombre rico de Pakistán para
sacarles de la pobreza en que vivían.
Cuando
cumplió once años, sus padres la obligaron a viajar con ellos para que
conociera a su primo y futuro esposo.
A
Insaf no le gustó Yuhad, pues gritaba e insultaba a su madre a sus hermanas; a
sus padres esto no les importaba, ya que les interesaba más asegurar el vínculo
con sus parientes y sin ninguna duda con el dinero de éstos.
Regresaron
a su casa, el tiempo pasaba y desde aquel día, Insaf no escuchara a sus padres
hablar sobre ese tema, hasta que se acercaba el día de su cumpleaños, cumpliría
trece años y para sus padres ya era la edad suficiente para entregarle su hija
a Yuhad. Entonces anunciaron que se iban un mes a la ciudad de Pakistán, sabía
que esto significaba matrimonio, pero no podía hablar con sus padres para
evitarlo.
La
tensión era insoportable, Insaf y su hermana Samina comenzaron a sacar a
escondidas su ropa y pasaportes, incluso le dijeron a la policía que planeaban
desaparecer y les pedieron que se lo explicaran a sus padres, después de que
esto sucediera. Pero unos pocos días antes, la madre de Insaf descubrió sus
planes de fuga, se puso como loca, se tiró en el suelo, mordiéndose, golpeándose,
gritando y llorando hasta que al final se desmayó. Al volver en sí le juró
que no le obligaría a casarse, Insaf no la creyó pero tendría que darles una
oportunidad sino se arrepentiría toda su vida.
Al
llegar a Pakistán se horrorizó al ver a Yuhad en la estación de tren, pensó
- ¿qué he hecho?
Fue
un auténtico choque, no tenía poder para decidir lo que quería hacer con su
vida.
Todos
sus parientes vivían en la casa familiar, allí Insaf lloraba hasta dormirse,
cuando oscurecía esperaba a que amaneciera y luego a que se hiciese de noche.
A
las dos semanas de vivir allí le dijeron que debía casarse, Insaf, harta,
protestó a su madre pero ésta le golpeó la cabeza contra el suelo y el eco
resonó en toda la casa. No vio otra opción que casarse. Yuhad sería su
esposo, era inculto, pues hablaba mal y no sabía ni leer ni escribir, y le daba
mucho miedo.
Desesperada,
ideó un plan: llevaría un cuchillo y en su noche de bodas lo mataría antes de
que él la violara pero… un día hablando con su hermana sobre eso, la madre
de Yuhad las escuchó, entonces, enseguida se lo contó a éste y a su esposo, rápidamente
fueron hablar con ella y la amenazaron con matar a toda su familia. Sin duda
alguna, Yuhad se había enamorado de Insaf y no la dejaría ir,
La
ocasión de escapar estaba a sus puertas, un familiar había muerto. Aprovechó
para cubrir su cara con un burka y
salir corriendo. La gente la miraba porque era inusual ver mujeres correr solas
por la calle. Tras un recorrido frenético y aterrador Insaf cogió el primer
tren hacia algún lugar seguro, donde nadie la pudiera encontrar. Durante seis días
estuvo de un lugar a otro, escapando de todos los que querían hacerle daño.
Cuando
sus parientes desistieron y decidieron parar de buscarla, consiguió que una
antigua amiga de su madre la cuidara pero ésta, no quiso arriesgarse a que la
descubrieran y la metió en una casa de acogida muy lejos de Pakistán, en
Londres, allí vivió hasta hacerse mayor de edad. Salió y con mucho sacrificio
consiguió un buen trabajo relacionado con lo que había estudiado durante su
estancia en la casa de acogida.
Con
su primer sueldo se alquiló un piso, para vivir en ese sitio desconocido para
ella, tranquila. Esto no sería todo, ya que un día se encontró en Londres a
sus padres, desde entonces, sigue en contacto con ellos, a pesar de todo el daño
que le hicieron en la etapa de su vida en la que debía jugar
y ser feliz, su infancia.
Rebeca Rodríguez Fernández
xuño 2004