E

n  el  seno  de  una  familia  humilde  pero  trabajadora,  nació  en  Mayo  del  1990  un  niño  llamado  Daniel.  Era  el  menor  de  tres  hermanos.  Óscar,  el  mayor,  tenía  10  años  y  Berta  la  única  niña,   hacía  dos  años  que  naciera.  Vivía  en  un  pequeño  pueblo  de  la  provincia  de  A  Coruña  con  sus  abuelos  y  sus  padres.  Su abuelo Manuel y su abuela Jesusa recibían una pequeña  pensión por los años que trabajaran en el negocio familiar que ahora regentaba su hijo Luis, padre de los tres menores. La madre de los pequeños se dedicaba a las tareas del hogar y a cuidar a los niños mientras el padre trabajaba en la zapatería. Con estos medios vivían las siete personas que compartían casa. Su situación económica no era la mejor y les costaba mantener a todos los hijos  pero vivían enormemente felices y unidos.

  Pero llegó, en Agosto de 1995, un día fatal para la familia, un día que cambiaría toda la situación anterior en que todos vivían unidos. El padre de familia, Luis, murió al recibir el impacto de un relámpago mientras caminaba en solitario a lo largo del río Tambre después de una dura jornada de trabajo . Esta muerte dejó a la familia huérfana y hundida en la tristeza.

 Un mes después de la muerte, se necesita dinero para poder vivir. El fallecimiento de Luis, hizo que se tuviera  que cerrar la zapatería. Así, Marina, la madre, pensó como podría obtener un trabajo para sostener a sus hijos y tomó la difícil decisión de llamar a una amiga que vivía en Marsella, y que era dueña de una cadena de hoteles. Le contó toda la situación de su familia, lo que pasara, y le explicó porqué necesitaba el trabajo.  Su amiga sin pensarlo contrató a Marina de recepcionista de uno de sus hoteles y esta, a los dos meses se mudó a Francia con el objetivo de ganarse un sueldo.

Sus hijos quedaban a cargo de los abuelos, pero como no estaban en plenitud de condiciones, fue el hermano mayor, Óscar  quien se hizo cargo de ellos, y pasó a llevar el peso de la casa, cuidando también de sus abuelos. Su situación era bastante complicada. La madre estaba ahora cobrando un buen sueldo y prácticamente todo lo ahorraba para poder en vacaciones y festividades regresar a España a estar con los suyos. Todos los años regresaba a su tierra varias veces al año para poder ver a sus hijos. En esta situación estuvo 5 años, hasta que regresó ya definitivamente a Galicia  y encontró un trabajo fijo en A Coruña.

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