Se puso en marcha y cuando llegó la noche no tenía donde dormir ni que comer.
Al poco rato vió una posada con dos mozas en la puerta. Les dijo que eran bellas damas
y ellas, como les pareció simpático, le dieron de comer y le dejaron dormir.
Don Quijote le pidió al posadero que le diera un lugar donde cuidar sus armas. Ese lugar fue el brocal del pozo.
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Un hombre quiso dar de beber a sus caballos: para eso tenía que apartar la armadura porque le estorbaba, se agachó
para apartar las armas y Don Quijote le pegó con su espada en la espalda y lo dejó inconsciente.
Cuando el hombre despertó, él y sus amigos empezaron a pedradas con Don Quijote. Al ver el jaleo que hacían el dueño de la posada vistió
a Don Quijote con su armadura y lo nombró caballero, ya que él se lo había pedido.
Y Don Quijote de la Mancha se fue de la posada...
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