PASEO

POLO CASCO ANTIGO

DE RIBADEO

La villa de Ribadeo hallábase establecida, a mediados del siglo XII, en el lugar que actualmente se conoce por a Vilavella. Sólo se sabe que la primitiva población –Cabanela y Porcillán- había sido abandonada, y que sus moradores se habían establecido un poco más al interior, fundando una villa nueva, existente aún a fines del XII.

 

SEDE MINDONIENSE EN RIBADEO. EL OBISPO PELAYO CEBEYRA (1199-1218)

Repoblado Ribadeo y establecidos en la villa sus antiguos moradores, o los descendientes de ellos, la Sede episcopal fue trasladada al "lugar competente". El obispo bajo cuyo gobierno se efectuó el traslado, fue el sucesor de Rabinato. Llamábase Pelayo Cebeyra. Alcanzó este prelado el año 1218, en que acabó el curso de su vida y la solicitud de su pontificado, que disfrutó por espacio de 19 años. Según una tradición, el obispo D. Pelayo vivió ne Cabanela, donde aún existe un edificio en ruinas que el vulgo señala como el antiguo palacio episcopal.

 

EL CONDADO.

Don Enrique de Trastamara, el hermano y matador de D. Pedro el Cruel le concedió el condado de Ribadeo en 1369 al caballero francés Pierre de Villaines, llamado también Lobesgue y El begue, natural de normandía, que había venido a España en calidad de las Gandes compañías o Compañías blancas, contratadas en Francia para hacer la guerra contra el citado rey D. Pedro. Pierre de Villaines estuvo varios años en posesión del condado y señorío de Ribadeo. Hacia fines del siglo pensó en retirarse a su país natal, y entonces vendió la merced que le había hecho Enrique II. El comprador de la villa de Ribadeo fue Rui López Dávalos. En 1422, cuando se cumplía un cuarto de siglo de Ribadeo bajo su dominio, López Dávalos fue acusado de haber ofendido a la majestad y tratado con los moros de hacer traición a su príncipe y a su patria. Huyó a Valencia y, aunque fue dado por libre de lo que lo acusaban, sus bienes no fueron restituidos.

Ribadeo permaneció así libre ejercitando sus fueros e instituciones locales.

Posteriormente le fue concedido el título de conde de Ribadeo a Rodrigo de Villandrando en 1431, como premio a los servicios que prestó a Juan II hostilizando al rey de Aragón en las fronteras francesas de su reino. A la muerte de éste en 1448 deja por heredero a su hijo D. Pedro de Villandrando y Stúñiga, de D. Pedro pasó a su sobrino Diego Gómez de Sarmiento, primer conde de Salinas. Diego Gómez vende la pobla de Navia en 1551. Setenta años después, y por virtud del enlace matrimonial de D. Rodrigo de Silva Sarmiento con una dama perteneciente a la familia de Híjar, el título de conde de Ribadeo pasa a esta casa ducal, en la que persiste.

 

LA VILLA

La villa de Ribadeo nació en Cabanela. Dieron principio a esta población algunos pescadores establecidos desde tiempo inmemorial en la ribera y playa que en adelante se llamó Cabanela, por las pequeñas cabañas donde se albergaban sus moradores.

Sucesiva y lentamente, se propagó la población a la ribera de Porcillán y de aquí comenzó a engarabitar por una encañadita muy pendiente e incómoda en la que el antiguo muro contuvo hasta el siglo XIX los límites de la villa. Formáronse poco a poco la rúa de Ares-Ares, la de la Trinidad, la Mayor, la de la Atalaya...

Desde el siglo XVII, las casas se contruyeron de mampostería y en una cosa ponían gran interés los propietarios de la época: en lucir en las fachadas de las casas, mejor cuanto más arriba, la piedra de armas fanfarrona.

En 1566 fueron empedrados algunos de los lugares más transitados de la villa, tales como la plaza pública (de la Constitución), las puertas de la muralla y las entradas de los caminos públicos. Y hasta 1750 no se volvió a tocar. Las aceras no se conocieron en España hasta el reinado de Carlos III. En ese tiempo fueron colocadas en algunos sitios de Ribadeo (frente al hospital, en la plaza, etc.) En 1851 se pusieron aceras en todas las calles, a expensas de los vecinos.

 

CALLES Y CAMINOS REALES

Fue ascendiendo la villa hacia el llano. Formáronse la Plaza Mayor, el Patín, la calle de los Hornos, las callejas transversales. Se unían el mar y el mercado, bases de la villa de Ribadeo. Cuando el mar se vio libre de corsarios, el caserío desbordó la cerca, apareció Figueirúa, la calle de San Miguel, el barrio de Gibraltar. En el siglo XVII se hizo una capilla fuera de puertas, no lejos de la del Agua. Esta capilla, llamada de la Misericordia, dio origen a la calle de este nombre, la cual, hacia fines del XVIII, se extendió hasta la ermita de la Virgen del Camino, tomando entonces toda ella el nombre de San Roque. Por la misma época en que se comenzó la calle de la Misericordia, se abrieron la de los Herradores, la de la Confitería y el callejón que baja de la calle de San Roque a la Fuente Nueva.

La calle principal empezaba en la Puerta de la Villa y terminaba en la de Cabanela. Se llamó hasta el siglo XVIII Rúa Grande y Calle Mayor; después fue bautizada de la Paz.

Dando frente a esta calle estaba la cárcel vieja, que hacía esquina a la travesía llamada Calexón da cárcel, hoy Travesía de la Paz. En 1858 se señaló sitio en la huerta de los frailes para una nueva cárcel (hoy Casa del Mar).

La calle de Ares-Ares, se llamó también rúa dos ferreiros; más adelante llevó el nombre de las Angustias y hoy se rotula Antonio Otero y Viejo Pancho.

De la cofradía que tenía el patronato de la iglesia de la Atalaya tomó su nombre la calle de la Trinidad. La del Horno que va de la del Padre Feijoo a la antigua del Correo, hoy de Méndez San Julián.

A finales del XIX fueron rotuladas de nuevo todas las calles, callejas, plazoletas y rinconadas de Ribadeo. El calexón da Dichosa pasó a Calexón ou baixada dos peligros, el de Quintana, quedó en Pasadizo de Álvarez Miranda; el do Cura, en San Sebastián; el de Fortuna, bajada a Cabanela; el que bajaba a la Fuente Nueva, en costanilla del Obispo Cebeyra. La calle del hospital, ya en el siglo XX fue rotulada de Villafranca del Bierzo.

El Patín fue entonces llamado Rinconada de las Escuelas; la Pedreira, calle de Méndez Núñez; el Forno do campo, rinconada de San Francisco; el callejón de Opeana, costanilla del P. Sarmiento; el de la fuente de los Cuatro-caños, pasadizo de Fernando el Santo.

Posteriormente, fue sustituido el nombre del Correo por el de Méndez San Julián, el de Herradores por el de Reinante, el de Méndez Núñez por el de Clemente Martínez, etc.

 

LA PLAZA MAYOR

Fue primeramente Plaza Mayor y Plaza principal. En 1812 se llamó de la Constitución, y once años más tarde, al imponerse la reacción fernandina, cambio este nombre por el de Plaza Real. En 1836 sufre un nuevo cambio la rotulada: Plaza de Isabel II. Este título continúa hasta 1869, en que por segunda vez, aparece el de Constitución, que sigue siendo el oficial, aunque el pueblo ha prescindido de él, adoptando el de Plaza d´abaixo.

(Nota: a Praza chamouse Praza de José Calvo-Sotelo, tras a guerra civil, pero na derradeira década do século XX recuperou o seu nome actual de Praza de abaixo.

Este lugar no tuvo más que dos entradas hasta fines del siglo XVIII; eran la de la calle Mayor y la de la Trinidad. En dicha época se le dio una nueva (la de la actual calle de Villandrando) con objeto de facilitar la circulación a los carros que traían artículos para los mercados.

Ésta adquirió la mayor importancia al ser construida en uno de sus frentes la casa de consistorio y de audiencia (actual juzgado).

La casa consistorial fue reedificada en los últimos años del siglo XVIII. Se colocó entonces el balcón de hierro que aún existe, fabricado en Sargadelos.

 

LA PLAZA DEL CAMPO

Cuando toda ella estaba a erial y sólo servía para que los vecinos hiciesen ejercicios militares y jugasen a los bolos, llamábase o campo da vila. Después fue campo de Santa María y campo de San Francisco, según se hablase de la parte en que estaba la antigua iglesia o de la en que existía el convento de los franciscanos.

En 1780, el campo público era "el paseo de mayor recreación y estimación del pueblo".

Porque mucho lo perjudicaba (el ornato público) también, fue demolida a comienzos del presente siglo (siglo XX) la torre –famosa por su fealdad- que en el mismo campo había sido construida, conforme a los planos de don Francisco Andina, para el reloj y las campanas que había sobre la puerta de la villa.

 

LA FORTALEZA Y LA MURALLA

 

Hay que suponer que éstas fueron construidas en tiempos de los primeros condes; en la del primero de todos, si se juzga por la piedra de armas que había en una de las torres de la fortaleza.

 

LA FORTALEZA

Alzábase a escasa distancia de la Iglesia de Santa María, y estaba formada por dos torres de planta cuadrada, unidas por una muralla de 17 varas de alto y 3 y media de grueso (vara, medida de longitud equivalente a 835 mm), que hacía un patio rectangular, en cuyos ángulos N. Y E. se levantaban las torres. Cercaba este conjunto una muralla más baja y menos ancha que la primera, y separada de ésta por un foso. El conjunto tenía 36 varas de frente por 26 de fondo. La entrada principal se abría en la muralla interior, y frente a ella, en la exterior, estaba la "puerta del Campo", que tenía acceso por una pequeña rampa.

De las torres la más pequeña estaba destinada, en los buenos tiempos del condado, a habitación del alcalde mayor. La mayor, llamada vulgarmente Torre Julia, la destinaban a residencia de los representantes de los condes en el señorío, a cárcel y a depósito de armas y municiones. La cárcel estuvo primero en lo alto, y posteriormente en el sótano. En 1549 entra en funcionamiento una nueva cárcel en el Calexón da cárcel, después Travesía de la Paz.

En 1840 el conde de Ribadeo, duque de Híjar, puso en venta la fortaleza, que fue adquirida en 20.000 reales por D. Antonio de Casas. Otro vecino, concejal, reclamó para Ribadeo la propiedad el viejo edificio. El ayuntamiento acordó que no había lugar a deliberar sobra la reivindicación de la fortaleza, y comenzó el derribo de ésta por su nuevo dueño. Cayó la torre pequeña. La torre que el vulgo llama Julia había sido denunciada como ruinosa en 1796. Años más tarde adquirieron la propiedad de la fortaleza y los demás bienes los acaudalados ribadenses, residentes en Buenos Aires, D. Juan y D. Pedro Moreno Ulloa. En 1916 fue derribada al hacerse los cimientos del llamado palacio de los Moreno.

 

LA MURALLA

Construida también en tiempos de los primeros condes, la muralla no estaba hecha para resistir un asedio largo, aunque el Ayuntamiento (1771) creía que era "tan precisa como inexcusable para el tránsito y uso en cualesquiera invasión que ocurriese de los enemigos.

Tenía unas cuatro varas de ancho y tres o cuatro de altura. Estaba formada por dos paredes paralelas, cada una de pie y medio o dos de espesor, y entre ellas se habían echado escombros y arena, que con la humedad producían a cada paso barrigas, grietas y hundimientos, ocasionando no pocos gastos , que eran satisfechos a partes iguales por el conde y el concejo.

La muralla arrancaba del ángulo este de la fortaleza, y tenía un postigo a pocos pasos de ésta. Bajaba en línea recta hacia Cabanela, por los terrenos que ahora ocupan las casas de la calle de Ibáñez. Sobre esta parte de la muralla se hizo en 1545 un camino almenado, que ponía en comunicación la fortaleza y dicho barrio de Cabanela cuando no existía la calle mencionada.

Frente al repetido barrio, final de la calle que hoy se llama de "Méndez Sanjulián" y que primitivamente de dijo "Rúa Travesa" y luego "del Correo", porque en ella estuvo la primera estafeta que hubo en la villa, se abría en la muralla la puerta "de Cabanela", nombrada también "del Canónigo", tal vez por estar próxima a la casa del matrimonio Bela, en la cual vivía "el canónigo presbítero sarense". Esta puerta fue derribada a finales del siglo XVIII.

Continuando por la parte alta de Cabanela, donde aún hay restos de la muralla, ésta iba a empotrarse en la Atalaya, en la que quedaba interrumpida, porque allí el alto acantilado la hacía completamente innecesaria. Un postigo establecía la comunicación entre la Atalaya y el barrio en que,, según se cuenta, tuvo su palacio el obispo Cebeyra.

Reaparecía la endeble defensa de la villa frente a donde está hoy la última casa de la calle Amando Pérez Martínez (antes de la Paz), sobre la Cova da Vella, nombre que llevaba la puerta que allí había, nombrada también "da Pena". Algo más abajo, en Porcillán, estaba la "puerta de Santo Domingo", así denominada porque por aquel lugar había pasado (la tradición lo decía) este santo varón cuando vino a embarcarse al puerto de Ribadeo para emprender la cruzada que contra los albigenses dictó el papa Inocencio III.

La puerta de Santo Domingo era baja y estrecha, y por encima de ella había un camino que tenía acceso por una escalerilla abierta en la muralla. Fue derribada en 1799. En este sitio tenía la muralla un baluarte con troneras y pasamuros, completándose esta defensa, cuando se temía un ataque de corsarios, con cestones y trincheras.

Frente a Guimarán había otra puerta; fue tapiada a principios del siglo XVII. Desde aquí seguía la muralla paralelamente a los límites de la parroquia de Ribadeo, por lo que hoy se llama Trasdacerca, que es donde existe, en bastante buen estado. La muralla subía por lo que actualmente se conoce por "Costanilla del Padre Sarmiento", abriendo una puerta, la del Agua, sobre la calle que hasta hace poco fue llamada de "las Angustias" y que antes se dijo "dos Ferreiros"(hoy Viejo Pancho y Antonio Otero) y antes todavía de Ares-Ares. Del lado de la Fuente-Nueva, , en sitio que no es fácil precisar, había (al menos en los siglos XVI y XVII) un baluarte, al que se le daba el nombre de celada.

Desde la puerta del Agua (demolida en 1837), seguía la muralla por la actual plazoleta "de Álvarez Miranda", y sobre la rúa Grande o Mayor se abría la puerta principal, llamada "puerta de la Villa", al lado de la cual se celebraron hasta el siglo XIX, en que fue derribada, los mercados de lienzos, estopas, frutas y legumbres. En esta puerta, donde estaba pintado el escudo de la villa, se fijaban los bandos y demás papeles que podían interesar al vecindario. Sobre ella había una torre con las campanas y el reloj público; aquellas y éste fueron trasladados en 1830 y tantos, a la torre llamada "del reloj". Derribada la puerta, el conde de Ribadeo reclamó los materiales, que no le fueron concedidos.

La muralla, desde la puerta principal "corría lienzo a las torres de la fortaleza", y paralela a este lienzo iba la "rúa do Castelo", que nacía en la Grande y desembocaba en la plaza Mayor. Esta parte de la cerca, que tenía almenaje y parapetos, sufrió los más encarnizados asaltos... de los vecinos que desde comienzos del siglo XVIII se dedicaron a arrancar piedras para aprovecharlas en las casas que por allí se iban construyendo. Siguió cayendo poco a poco y en el siglo XIX se decretó el derribo general salvándose, para muestra, los dos pedazos de que queda hecha mención. Es todo lo que resta del castillo e fortaleza donado por Don Juan II al famoso Villandrando.

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