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  • Suso de Marcos: Cita co Quixote
         
                                   
   

CAPÍTULO I (1ª P)

Y lo primero que hizo fue limpiar unas armas que habían sido de sus bisabuelos, que, tornadas de orín y llenas de moh, luengos siglos había que estaban puestas y olvidadas en un rincón. Limpiolas y aderezolas lo mejor que pudo.

CAPÍTULO VII (1ª P)

Una noche se salieron del lugar sin que ninguna persona los viese; en la cual caminaron tanto, que al amanecer se tuvieron por seguros de que no los hallarían aunque los buscases

CAPÍTULO X (1ª P)

Y así, cuando yo le haga y te le dé, no tienes más que hacer sino que, cuando vieres que en alguna batalla me han partido por medio del cuerpo, como muchas veces suele acontecer, bonitamente la parte del cuerpo que hubiere caído en el suelo, y con mucha sutileza, antes de que la sangre se yele, la pondrás sobre la otra mitad que quedare en la silla, advirtiendo de encajallo igualmente y al justo. Luego me darás a beber solos dos tragos del bálsamo que he dicho, y verasme quedar más sano que una manzana

CAPÍTULO XXI (1ª P)

Es, pues, el caso que el yelmo y el caballo y caballero que don Quijote veía era esto: que en aquel contorno había dos lugares, el uno tan pequeño, que ni tenía botica ni barbero y el otro, que estaba junto, sí; y así, el barbero del mayor servía al menor, en el cual tuvo necesidad un enfermo de sangrarse, y otro de hacerse la barba, para lo cual venía el barbero y traía una bacía de azófar; y quiso la suerte que al tiemp que venía comenzó a llover, y porque no se le manchaseel sombrero, que debía de ser nuevo, se puso la bacía sobre la cabeza, y, como estaba limpia, desde media legua relumbraba.

CAPÍTULO XXII (1ª P)

Pasamonte, que no era nada bien sufrido, estando ya enterado que don Quijote no era muy cuerdo, pues tal disparate había cometido como el de querer darles libertad, viéndose tratar de aquella manera, hizo del ojo a los compañeros, y apartándose aparte, comenzaron a llover tantas piedras sobre don Quijote, que no se daba manos a cubrirse con la rodela.

 

CAPÍTULO XXIII (1ª P)

Es de vidrio la mujer,

pero no se ha de probar

si se puede o no quebrar,

porque todo podría ser.

Y es más fácil el quebrarse,

y no es cordura ponerse

a peligro de romperse

lo que no puede soldarse.

Y en esta opinión estén

todos, y en razón la fundo;

que si hay Dánaes enel mundo,

hay pluvias de oro también

CAPÍTULO XXXIV (1ª P)

-Lotario, advierte lo que te digo: si a dicha te atrevieres a pasar de esta raya que ves, ni aun llegar a ella, en el punto que viere que lo intentas, en ese mismo me pasaré el pecho con esta daga que en las manos tengo.

 

CAPÍTULO XXXV (1ª P)

-Que me maten -dijo a esta sazón el ventero- si don Quijote o don diablo no ha dado alguna cuchillada en alguno de los cueros de vino tinto que a su cabecera estaban llenos, y el vino derramado debe de ser lo que le parece sangre a este buen hombre.

 

CAPÍTULO XL (1ª P)

SONETO

Almas dichosas, que del mortal velo

libres y exentas, por el bien que obrastes,

desde la baja tierra os levantastes

a lo más alto y lo mejor del cielo,

y, ardiendo en ira y en honroso celo,

de los cuerpos la fuerza ejercitastes,

que en propia y sangre ajena colorastes

el mar vecino y arenoso suelo:

primero que el valor faltó la vida

en los cansados brazos, que muriendo,

con ser vencidos, llevan la vitoria;

y esta vuestra mortal, triste caída

entre el muro y el hierro, os va adquiriendo

fama que el mundo os da, y el cielo gloria.

 

CAPÍTULO XLI (1ª P)

Luego que los jinetes entendieron que éramos cristianos cautivos se apearon de sus caballos, y cada uno nos convidava con el suyo para llevarnos a la ciudad de Vélez Málaga, que legua y media de allí estaba.

 

CAPÍTULO VI (1ª P)

CAPÍTULO XLVII (2ª P)

Capítulo VI - 1ª parte y Capítulo XLVII - 2ª parte

 

Abriose otro libro y vieron que tenía por título El Caballero de la Cruz -Por nombre tan santo como este libro tiene se podía perdonar su ignorancia; mas también se suele decir “tras la cruz está el diablo”.

 

-También -dijo el maestresala- me parece a mí que vuesa merced no coma de todo lo que está en esta mesa, porque lo han presentado unas monjas, y, como suele decirse, detrás de la cruz está el diablo.

 

CAPÍTULO IV (2ª P)

Volvió Sancho a casa de don Quijote y, volviendo al pasado razonamiento, dijo:

-A lo que el señor Sansón dijo que se deseaba saber quién o como o cuando se me hurtó el jumento, respondiendo dego que la noche misma que huyendo de la Santa Hermandad nos entramos en Sierra Morena, después de la aventura sin ventura de los galeotes, y de la del difunto que llevaban a Segovia, mi señor y yo nos metimos entre una espesura, adonde mi señor arrimado a su lanza y yo sobre mi rucio, molidos y cansados de las pasadas refriegas, nos pusimos a dormir como si fuera sobre cuatro colchones de pluma; especialmente yo dormí con tan pesado sueño, que quien quiera que fue tuvo lugar de llegar y suspenderme sobre cuatro estacas que puso a los cuatro lados de la albarda, de manera que me dejó a caballo sobre ella y me sacó debajo de mí al rucio sin que lo sintiese.

CAPÍTULO XXX (2ª P)

Asaz melancólicos y de mal talante llegaron a sus animales caballero y escudero, especialmente Sancho, a quien llegaba al alma llegar al caudal del dinero, pareciéndole que todo lo que dél se quitaba era quitárselo a él de las niñas de sus ojos.

 

CAPÍTULO XXXVIII (2ª P)

De la dulce mi enemiga

nace un mal que el alma hiere

y por más tormento quiere

que se sienta y no se diga.

CAPÍTULO LXXIV (2ª P)

Y el prudentísimo Cide Hamete dijo a su pluma: Aquí quedarás, colgada de esta espetera y de este hilo de alambre, ni sé si bien cortada o mal tajada péñola mía, adonde vivirás luengo siglos, si presuntuosos y malandrines historiadores no te descuelgan para profanarte. Pero antes que a ti lleguen, les puedes advertir y decirles en el mejor modo que pudieres:

 

-¡Tate, tate, folloncicos!

De ninguno sea tocada;

porque esta empresa, buen rey,

para mí estaba guardada.

 

 

 
     
     
   
     
     
 
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