La sonrisa de las mujeres; de Nicolas Barreau

“El año pasado, en Noviembre, un libro me salvó la vida. Sé que suena inverosímil. Algunos considerarán exagerado, o incluso melodramático, que diga algo así. Pero eso fue justo lo que ocurrió”.

El amor, cuando se acaba, es siempre triste. Rara vez es generoso. El que abandona tiene mala conciencia. El que es abandonado se lame las heridas. El fracaso casi duele más que la separación. Pero al final cada uno es lo que era siempre, y a veces queda una canción, una hoja de papel con dos corazones, el dulce recuerdo de un día de verano”.

“Abrí el cajón y guardé la foto entre guantes y bufandas.
– ¡Así! –dije. Y después otra vez –: ¡Así!
Luego cerré el cajón de golpe y pensé en lo fácil que resultaba desaparecer de la vida de otra persona. A Claude le habían bastado un par de horas. Y, al parecer, la chaqueta a rayas de un pijama olvidada sin querer debajo de mi almohada era lo único que me quedaba de él”.